El 17 de octubre se conmemora el Día Mundial contra el Dolor, una iniciativa promovida internacionalmente por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) para visibilizar el impacto del dolor y la necesidad de mejorar su prevención y tratamiento.
Aunque la campaña se originó en el ámbito de la salud humana, su mensaje también interpela a la medicina veterinaria. El dolor es una experiencia compleja que puede acompañar traumatismos, enfermedades, procesos inflamatorios, intervenciones quirúrgicas y patologías crónicas. Su abordaje constituye una responsabilidad clínica y un componente esencial del bienestar animal.
A diferencia de las personas, los animales no pueden describir verbalmente lo que sienten. Por eso, el reconocimiento del dolor depende de la capacidad del profesional para interpretar signos clínicos, cambios de conducta y modificaciones en la actividad habitual. La ausencia de vocalizaciones o de respuestas evidentes no significa necesariamente que un paciente no esté sufriendo.
La evaluación del dolor debe formar parte de la exploración clínica y no limitarse a los casos en los que el sufrimiento resulta evidente. Cambios en la postura, la marcha, el apetito, el descanso, las interacciones sociales o la disposición al movimiento pueden aportar información relevante.
En los gatos, por ejemplo, el dolor puede manifestarse mediante aislamiento, menor actividad, cambios en el acicalamiento o rechazo a determinadas manipulaciones. En los perros, puede observarse dificultad para incorporarse, alteraciones de la marcha, inquietud o pérdida de interés por actividades habituales. Estos signos no son exclusivos del dolor y deben interpretarse en el contexto de cada paciente.
Las escalas de evaluación y las herramientas validadas para distintas especies y situaciones clínicas permiten sistematizar las observaciones, comparar la evolución y valorar la respuesta al tratamiento. Las guías globales de la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) destacan la importancia de incorporar métodos estructurados para reconocer, evaluar y tratar el dolor agudo y crónico.
Uno de los principales avances en este campo es la consolidación de un enfoque proactivo e individualizado. El manejo del dolor no debería comenzar únicamente cuando aparecen signos intensos: siempre que sea posible, debe anticipar los procedimientos o situaciones que pueden provocarlo.
Las recomendaciones de la American Animal Hospital Association (AAHA) para perros y gatos promueven una estrategia multimodal, que combina intervenciones farmacológicas y no farmacológicas de acuerdo con la causa, la intensidad y la duración del dolor, así como con las características clínicas del paciente.
Según el caso, el tratamiento puede incluir analgésicos de diferentes grupos, anestesia local o regional, cuidados de enfermería, rehabilitación, adecuaciones del entorno y otras intervenciones respaldadas por evidencia científica. La selección de cada recurso requiere considerar sus indicaciones, contraindicaciones, posibles efectos adversos e interacciones.
Este enfoque resulta especialmente importante en pacientes sometidos a cirugía, animales politraumatizados, pacientes oncológicos y aquellos que presentan enfermedades crónicas. También exige contemplar las particularidades fisiológicas de cada especie y evitar la extrapolación automática de protocolos entre perros, gatos y otros animales.
El dolor crónico representa un desafío particular porque puede persistir durante períodos prolongados y afectar la movilidad, el descanso, la conducta y la interacción del animal con su entorno. En enfermedades como la osteoartritis, por ejemplo, la evaluación no debería limitarse a la intensidad del dolor durante la consulta: también es importante conocer cómo se desenvuelve el paciente en su vida cotidiana.
En estos casos, la participación de los tutores aporta información fundamental. Registrar cambios en la actividad, la capacidad para subir escaleras, el interés por jugar o la facilidad para levantarse permite complementar el examen clínico y valorar la evolución.
El tratamiento puede requerir ajustes periódicos y combinar distintas estrategias, como el control del peso, la modificación de las actividades, la rehabilitación y la terapia farmacológica cuando esté indicada. El objetivo no siempre es eliminar por completo el dolor, sino reducirlo, mejorar la funcionalidad y sostener una calidad de vida adecuada.
El manejo del dolor no depende exclusivamente de la prescripción de un medicamento. Requiere una dinámica de trabajo que integre al veterinario, al personal de apoyo y a los tutores del animal.
La evaluación inicial, la elección del tratamiento, el seguimiento de la respuesta y la detección de efectos adversos forman parte de un mismo proceso. Reevaluar es tan importante como tratar: si la respuesta no es la esperada, es necesario revisar el diagnóstico, la estrategia terapéutica y la posible presencia de otras causas de malestar.
La capacitación continua también cumple un papel central. Las herramientas de evaluación, los conocimientos sobre fisiopatología y las alternativas terapéuticas evolucionan, por lo que la actualización profesional resulta indispensable para tomar decisiones fundamentadas.
El Día Mundial contra el Dolor ofrece una oportunidad para reafirmar que el bienestar animal incluye tanto la prevención del sufrimiento evitable como su reconocimiento y tratamiento oportunos.
En la práctica veterinaria, identificar el dolor, medirlo de manera sistemática y adaptar la intervención a cada paciente no son acciones accesorias: forman parte de una medicina de calidad. El desafío consiste en transformar el conocimiento disponible en decisiones clínicas cotidianas, con un objetivo claro: que ningún dolor tratable pase inadvertido y que cada paciente reciba la atención que necesita.
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