
Existe una respuesta que aparece una y otra vez en las clínicas veterinarias cuando surge un problema.
Si los ingresos no alcanzan: trabajemos más.
Si la agenda está desbordada: hagamos un esfuerzo más.
Si hay demasiadas tareas: quedémonos un rato después de hora.
Si falta tiempo: trabajemos el fin de semana.
A simple vista parece lógico.
Después de todo, el trabajo duro ha sido siempre una de las características más admirables de nuestra profesión.
Sin embargo, existe una pregunta incómoda que vale la pena hacerse:
¿Qué ocurre cuando la solución habitual para todos los problemas es trabajar más horas?
Porque en muchas clínicas, esa respuesta deja de ser una solución. Y se transforma en parte del problema.
El esfuerzo como modelo de gestión
La mayoría de las clínicas veterinarias nació gracias al esfuerzo extraordinario de sus fundadores.
Horas interminables.
Guardias.
Sacrificios personales.
Compromiso absoluto.
Es una historia conocida y respetable.
El problema aparece cuando ese esfuerzo inicial se convierte en el único modelo de crecimiento disponible.
Porque una organización puede sostenerse temporalmente con sacrificio.
Pero difícilmente pueda desarrollarse indefinidamente de esa manera.
El día tiene un límite
Parece una obviedad. Pero muchas veces actuamos como si no fuera así.
El tiempo es el único recurso que no puede ampliarse.
No puede comprarse.
No puede delegarse completamente.
No puede recuperarse.
Y sin embargo, muchas clínicas intentan resolver problemas estructurales consumiendo más tiempo de las personas que las integran.
Es una estrategia que funciona... hasta que deja de funcionar.
Cuando el crecimiento depende exclusivamente de trabajar más
Hay una diferencia importante entre crecer y trabajar más.
Una clínica puede aumentar sus ingresos porque:
- mejora sus procesos
- incorpora tecnología
- desarrolla nuevos servicios
- optimiza su organización
- fortalece su equipo
O puede hacerlo simplemente aumentando la cantidad de horas trabajadas.
Ambos caminos generan resultados iniciales. Pero sus consecuencias a largo plazo son muy diferentes. En el primer caso, la organización crece. En el segundo, crece el desgaste.
El costo invisible del sobreesfuerzo
Los problemas asociados al exceso de trabajo rara vez aparecen de golpe. Suelen instalarse lentamente.
Primero aparece el cansancio. Luego disminuye la capacidad de concentración.
Las decisiones empiezan a tomarse con menos claridad.
La paciencia se reduce.
Los conflictos aumentan.
La creatividad desaparece.
Y finalmente surge una sensación que muchos veterinarios conocen demasiado bien: seguir trabajando mucho, pero disfrutarlo cada vez menos.
Más horas no siempre significan más productividad
Existe una creencia profundamente arraigada: más horas equivalen a más resultados.
Sin embargo, numerosos estudios en gestión organizacional muestran exactamente lo contrario.
A partir de cierto punto, el rendimiento comienza a disminuir.
Las personas se equivocan más.
Resuelven peor.
Piensan menos.
Y necesitan más tiempo para realizar tareas que antes resolvían con facilidad.
El problema es que este deterioro suele ser gradual y difícil de percibir desde adentro.
La pregunta que casi nadie hace
Cuando una clínica enfrenta dificultades, la pregunta habitual suele ser:
¿Qué más tenemos que hacer?
Tal vez la pregunta correcta sea otra:
¿Qué estamos haciendo que no deberíamos seguir haciendo?
Porque muchas veces la solución no está en agregar actividades.
Está en eliminar complejidad.
Simplificar.
Delegar.
Priorizar.
Organizar mejor.
El esfuerzo no reemplaza a la gestión
Este es probablemente uno de los aprendizajes más difíciles para muchos propietarios.
La gestión no existe para reemplazar el trabajo. Existe para evitar que el trabajo se desperdicie.
Cuando una clínica depende exclusivamente del esfuerzo de las personas para funcionar, cualquier crecimiento futuro tendrá un límite muy claro: la capacidad física y emocional de quienes la sostienen. Y ese límite siempre llega.
Una señal de alerta
Existe un indicador muy simple que puede ayudar a detectar este problema. Preguntate:
Si la solución a los principales problemas de la clínica implica que alguien trabaje más horas, ¿estamos resolviendo la causa o solo administrando las consecuencias?
La respuesta suele ser reveladora.
Reflexión final
La medicina veterinaria requiere compromiso. Nadie discute eso.
Pero el compromiso no debería confundirse con el agotamiento.
Trabajar más horas puede ser una solución temporal. Lo que rara vez es, es una estrategia.
Porque las organizaciones que logran sostenerse en el tiempo no son necesariamente las que más trabajan. Son las que consiguen que el trabajo tenga dirección, estructura y sentido. Y eso no suele lograrse agregando más horas al día. Suele lograrse aprendiendo a utilizar mejor las que ya tenemos.
COLUMNA ANTERIOR DEL DR. RUBÉN HUGO SOMOZA
- La cuestión no es gestionar o no gestionar. La cuestión es quién debe gestionar la clínica