lunes 3 de agosto de 2026 - Edición Nº2713

Marketing y negocios | 3 de agosto

COLUMNA DEL DR. RUBÉN HUGO SOMOZA

La cuestión no es gestionar o no gestionar. La cuestión es quién debe gestionar la clínica

A medida que las clínicas veterinarias crecen, también aumenta la complejidad de su funcionamiento. Definir quién debe asumir la gestión -el propietario, un equipo administrativo o un gerente profesional- puede marcar la diferencia entre una organización que evoluciona de forma planificada y otra que simplemente reacciona a los problemas cotidianos.


Dr. Rubén Hugo Somoza
Médico Veterinario y Coach Ontológico Profesional - Director de OnlineVets
“Trabajo acompañando a colegas en procesos de organización y toma de decisiones en clínicas veterinarias”.
Contacto: +54 9 11 6300-1080

 

 

Durante muchos años, la gestión fue un tema secundario dentro de la medicina veterinaria.

Las clínicas eran más pequeñas, los equipos más reducidos y la complejidad operativa era menor. El propietario atendía pacientes, compraba insumos, resolvía problemas administrativos y tomaba las decisiones importantes. Todo formaba parte del mismo trabajo. Sin embargo, el contexto cambió.

Las clínicas crecieron. Los equipos crecieron. Los servicios se multiplicaron. La tecnología avanzó. Los clientes se volvieron más exigentes. Y, sin embargo, muchas clínicas siguen intentando gestionarse de la misma manera que hace veinte años.

Por eso, la pregunta ya no es si una clínica necesita gestión. La verdadera pregunta es otra:

¿Quién debe gestionar la clínica?

Porque toda clínica se gestiona. La diferencia es si esa gestión es deliberada o accidental.

 

El mito del veterinario que puede hacerlo todo

La mayoría de los propietarios de clínicas veterinarias llegaron a ese lugar por una razón muy simple: eran buenos veterinarios, sabían diagnosticar, sabían resolver problemas clínicos, sabían ganarse la confianza de los clientes.

Lo que casi nunca ocurrió es que alguien les enseñara a dirigir una organización. Y sin embargo, un día descubrieron que además de ejercer la medicina tenían que:

- contratar personal

- resolver conflictos

- analizar números

-controlar gastos

- definir estrategias

- liderar equipos

- tomar decisiones empresariales

La profesión les entregó una segunda carrera para la cual rara vez habían sido preparados.

 

Primera alternativa: gestionar personalmente

Muchos propietarios deciden asumir esa responsabilidad por sí mismos. Y en algunos casos funciona.

Especialmente cuando la clínica es pequeña, la estructura es simple y el propietario tiene interés genuino en aprender sobre gestión.

El problema aparece cuando el crecimiento aumenta la complejidad. Porque la gestión exige tiempo. Y el tiempo que se dedica a gestionar no puede dedicarse simultáneamente a atender pacientes.

En algún punto surge una tensión inevitable: trabajar dentro de la clínica o trabajar sobre la clínica.

Pocas personas pueden hacer ambas cosas de manera eficiente durante mucho tiempo.

 

Segunda alternativa: delegar en personal administrativo

Algunas clínicas optan por confiar la gestión cotidiana a personas administrativas de confianza.

Es una solución frecuente y, muchas veces, razonable.

Permite liberar tiempo operativo y ordenar tareas que no requieren criterio médico.

Sin embargo, existe un riesgo habitual. Confundir administración con gestión.

Administrar implica ejecutar. Gestionar implica decidir. No son lo mismo.

Una persona puede administrar muy bien la agenda, la facturación o las compras y, aun así, no estar preparada para definir el rumbo de la organización.

 

Tercera alternativa: incorporar un gerente

A medida que las clínicas crecen, aparece una figura cada vez más frecuente: el gerente.

Alguien cuyo trabajo principal no es atender pacientes.

Su trabajo es coordinar personas, procesos, recursos e información.

Este modelo es habitual en hospitales veterinarios y en muchos grupos corporativos internacionales.

La ventaja es evidente. Permite que cada profesional se concentre en aquello para lo que está mejor preparado.

La dificultad también es evidente. Requiere algo que muchos propietarios encuentran difícil: delegar poder.

Porque incorporar gestión profesional implica aceptar que no todas las decisiones tienen que pasar por el fundador.

 

La solución que más se observa en la práctica

Curiosamente, la mayoría de las clínicas no termina en ninguno de los extremos.

Ni en el propietario haciendo todo. Ni en una estructura completamente profesionalizada.

Lo más frecuente es un modelo híbrido. Un propietario que mantiene el liderazgo estratégico.

Un equipo administrativo que sostiene la operación. Y apoyo externo para acompañar decisiones complejas.

Este modelo tiene una ventaja importante. Permite incorporar criterio de gestión sin perder la identidad profesional de la clínica.

 

El error de elegir por costo

Cuando surge esta discusión, suele aparecer una pregunta inmediata:

¿Cuánto cuesta contratar gestión?

Es una pregunta válida. Pero rara vez es la más importante. Porque también deberíamos preguntarnos:

- ¿Cuánto cuesta una mala decisión?

- ¿Cuánto cuesta un equipo desorganizado?

- ¿Cuánto cuesta perder tiempo en tareas que nadie lidera?

- ¿Cuánto cuesta que el propietario viva apagando incendios?

Muchas veces el costo de no gestionar correctamente es mucho mayor que el costo de incorporar gestión. Simplemente no aparece en una factura.

 

Una pregunta incómoda

Existe una prueba muy simple para evaluar esta situación.

Preguntate:

¿Quién está pensando hoy en la clínica mientras todos están ocupados trabajando dentro de ella?

Si la respuesta es "nadie", probablemente ya tengas una parte importante del diagnóstico.

Porque toda organización necesita alguien que piense:

- el rumbo

- las prioridades

- los procesos

- las personas

- las decisiones futuras

La cuestión no es si eso debe ocurrir. La cuestión es quién va a asumir esa responsabilidad.

 

Reflexión final

La gestión no es un lujo. Tampoco es una moda importada de las grandes corporaciones.

Es una función necesaria en cualquier organización que aspire a sostenerse en el tiempo.

La pregunta que cada clínica debe responder no es si necesita gestión.

La pregunta es si la persona que hoy está gestionando tiene realmente el tiempo, la formación y la energía para hacerlo.

Porque cuando nadie se ocupa de gestionar, la gestión no desaparece. Simplemente ocurre por defecto. Y las consecuencias suelen aparecer mucho después, cuando corregirlas resulta mucho más difícil.

 


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