sábado 5 de septiembre de 2026 - Edición Nº2746

Divulgación | 5 de septiembre

Iniciativa de alcance nacional

Proponen que adultos mayores mantengan a sus animales en geriátricos

Una iniciativa presentada en el XXII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría busca extender a todo el país experiencias que permiten preservar el vínculo entre personas mayores residentes en instituciones y sus perros y gatos. La propuesta toma como referencia antecedentes de la Ciudad de Buenos Aires y Tucumán.


El ingreso a una residencia geriátrica puede implicar para una persona mayor no sólo un cambio de domicilio, sino también la interrupción de rutinas y vínculos afectivos construidos durante años. Entre ellos, el vínculo con los animales de compañía, que para muchas personas forman parte de la familia.

Con esta perspectiva, el Sindicato de Trabajadores Caninos presentó durante el XXII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría, realizado en Mar del Plata, una propuesta para extender a distintas jurisdicciones un modelo que permita mantener el contacto entre los residentes y sus animales.

La iniciativa, presentada por su secretario general, Matías Tomsich, toma como referencia una normativa vigente en la Ciudad de Buenos Aires y una experiencia posterior desarrollada en Tucumán. Entre los próximos objetivos figura avanzar en otras jurisdicciones, entre ellas, Mar del Plata.

 

Más que una mascota

El planteo parte del concepto de familias multiespecie, según el cual los animales de compañía forman parte de los vínculos familiares. Desde esta perspectiva, la separación de un perro o un gato al ingresar a una residencia puede representar para la persona mayor una pérdida afectiva significativa.

Los impulsores destacan que la presencia de animales puede favorecer la interacción social, mantener rutinas y generar espacios de contacto emocional. También se presentaron experiencias en residencias donde los encuentros con perros estimularon recuerdos y conversaciones vinculadas con los propios animales de los residentes.

La propuesta no implica necesariamente que los animales deban convivir de manera permanente dentro de las instituciones. Puede contemplar visitas, intervenciones asistidas con animales o convivencia, según las condiciones de cada residencia y de cada animal.

 

Bienestar para todos

Desde una perspectiva veterinaria, estas experiencias requieren protocolos que contemplen tanto las necesidades de los residentes como el bienestar animal.

Vacunación, controles sanitarios, prevención de enfermedades transmisibles, higiene, alimentación, comportamiento y espacios adecuados son algunos de los aspectos que deberían considerarse antes de incorporar animales a una residencia.

También resulta fundamental evaluar individualmente a cada animal y a cada residente. Un perro destinado a intervenciones asistidas, por ejemplo, presenta necesidades diferentes de las de un animal que eventualmente conviva de manera permanente con una persona.

La participación de profesionales veterinarios, especialistas en comportamiento animal y equipos interdisciplinarios resulta, por lo tanto, clave para desarrollar experiencias seguras y sostenibles.

 

Una mirada desde Una Salud

La iniciativa también puede analizarse desde el enfoque de Una Salud, que reconoce la interrelación entre la salud humana, la salud animal y el ambiente.

El desafío consiste en crear espacios donde el vínculo con los animales contribuya al bienestar de las personas mayores sin convertir al animal simplemente en un recurso terapéutico. Sus necesidades físicas, sanitarias y conductuales también deben ser contempladas.

Los impulsores plantean además la necesidad de acompañamiento estatal para que estas experiencias no dependan exclusivamente de los recursos de cada residencia.

 

Preservar vínculos también es cuidar

La iniciativa abre un debate que va más allá de permitir o no el ingreso de perros y gatos a los geriátricos: cómo preservar aquellos vínculos que forman parte de la historia y del bienestar de una persona cuando cambia su lugar de residencia.

Para muchas personas mayores, esos vínculos incluyen a sus animales de compañía. Transformar esta experiencia en normas, protocolos y recursos que permitan mantenerlos de manera segura y responsable constituye ahora el principal desafío.

En ese proceso, la medicina veterinaria tiene un papel central: favorecer el bienestar de las personas sin dejar de garantizar el bienestar y las necesidades propias de los animales.

 


 

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