En la interfaz entre la conservación de la biodiversidad y la salud pública, la medicina veterinaria y el adiestramiento de perros de trabajo vuelven a demostrar su valor estratégico. Un equipo de investigación del Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU, CONICET-UNCUYO), liderado por la investigadora Mariella Superina, puso en marcha el proyecto “CAN-TRACK: Perros que detectan - Ciencia que protege”.
La iniciativa busca responder a dos desafíos clave en la provincia de Mendoza: la vigilancia epidemiológica de la enfermedad de Chagas y la obtención de datos ecológicos sobre el pichiciego, uno de los mamíferos más escurridizos e incógnitos de la fauna silvestre argentina.
El protagonista operativo del proyecto es Roy, un can rastreador donado y adiestrado en los Países Bajos por la fundación Scent Imprint Conservation Dogs, entidad referente internacional en la preparación de perros de trabajo para monitoreo ambiental en ecosistemas complejos (con intervenciones desde Sudáfrica hasta Indonesia).
Para garantizar la efectividad del trabajo en terreno, la entrenadora holandesa Nadia Esplugas Muñoz viajó a Mendoza con el fin de auditar las maniobras, ajustar protocolos y capacitar intensivamente al equipo local. La metodología se basa en una técnica no invasiva y ética: el can marca la presencia del objetivo mediante el olfato sin necesidad de excavar, estresar ni manipular a los animales.
El pichiciego es una especie endémica de las zonas áridas y semiáridas del país con hábitos puramente fosoriales (subterráneos). Esta característica biológica imposibilita el uso de trampas convencionales o la observación directa.
"Desde el siglo XIX sabemos que hay pichiciegos, pero no sabemos dónde están exactamente. El perro marcará dónde hay un pichiciego bajo tierra, sin interferir con su comportamiento ni molestarlo, lo que nos permitirá determinar sus condiciones de vida y evaluar si su población está amenazada", explicó Superina.
En el plano de la salud pública, las expediciones con Roy abarcan el área de influencia de la Reserva Ñacuñán. Allí, el can es guiado para detectar la presencia de vinchucas (Triatoma infestans y especies silvestres), insectos hematófagos vectores del parásito Trypanosoma cruzi.
El objetivo epidemiológico es comprender cómo los cambios en el uso del suelo y la fragmentación del hábitat están provocando que las vinchucas silvestres se acerquen progresivamente a los perimetrales y viviendas rurales, un factor crítico para la prevención del Chagas en la región cuyana.