La medicina veterinaria de pequeños animales acaba de dar un paso trascendental en el abordaje de una de las principales causas de mortalidad en pacientes críticos. Un nuevo consenso internacional estableció por primera vez una definición de sepsis en perros y gatos sustentada en la mejor evidencia científica disponible, armonizando el enfoque veterinario con los avances registrados en medicina humana durante la última década.
El trabajo, elaborado tras una revisión sistemática de más de 350 estudios veterinarios, redefine la sepsis como "un síndrome potencialmente mortal asociado a una respuesta desregulada del huésped frente a una infección, que resulta en disfunción orgánica".
La principal novedad es el cambio de paradigma diagnóstico: la presencia de disfunción orgánica pasa a ser un requisito para diagnosticar sepsis, mientras que los criterios del Síndrome de Respuesta Inflamatoria Sistémica (SIRS) dejan de ser indispensables. Aunque estos parámetros continúan siendo útiles para evaluar y monitorear la evolución del paciente, ya no constituyen el eje central para establecer el diagnóstico.
Durante décadas, las definiciones veterinarias de sepsis estuvieron basadas en la presencia de SIRS asociado a una infección sospechada o confirmada. Sin embargo, ese enfoque comenzó a quedar desactualizado tras la publicación, en 2016, de las nuevas definiciones de sepsis en medicina humana (Sepsis-3), que desplazaron el foco hacia la respuesta del organismo y el compromiso funcional de los órganos.
El nuevo consenso veterinario adopta esa misma filosofía, aunque adaptada a la realidad clínica de perros y gatos, con la intención de ofrecer criterios más específicos que permitan identificar con mayor precisión a los pacientes con mayor riesgo de muerte.
Los autores destacan que las definiciones anteriores, si bien fueron útiles durante muchos años, podían conducir a sobrediagnósticos y tratamientos innecesarios debido a la baja especificidad de los criterios SIRS.
Además de la nueva definición, el consenso recomienda incorporar de forma rutinaria escalas validadas de gravedad de la enfermedad, como APPLEfast y APPLEfull, junto con la medición sistemática de parámetros fisiológicos y de laboratorio que permitan detectar precozmente la disfunción orgánica.
Los especialistas consideran que una evaluación estructurada desde el ingreso del paciente favorecerá decisiones terapéuticas más oportunas y una mejor estratificación del riesgo.
La sepsis representa una de las principales emergencias en las unidades veterinarias de cuidados intensivos. Si bien no existen estimaciones globales precisas para perros y gatos, distintos estudios citados en la revisión reportan tasas de letalidad de hasta el 68%, especialmente cuando existe compromiso de múltiples órganos.
La evidencia disponible también indica que el reconocimiento precoz y el inicio temprano del tratamiento constituyen factores determinantes para mejorar el pronóstico, tal como ya se ha demostrado ampliamente en medicina humana.
Los autores del estudio señalan que este consenso no representa un punto final, sino el comienzo de una nueva etapa. La siguiente fase consistirá en validar estos criterios mediante registros prospectivos multicéntricos y grandes bases de datos veterinarias, lo que permitirá perfeccionar las herramientas diagnósticas e identificar los marcadores de disfunción orgánica con mayor valor pronóstico.
Mientras tanto, la nueva definición ofrece un lenguaje común para clínicos e investigadores de todo el mundo, facilitando la comparación de estudios, el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas y la mejora de la atención de los pacientes críticos.