
Hay una parte de la práctica profesional que no siempre se comparte. No tiene que ver con la clínica en sí. Ni con los casos. Ni con la medicina. Tiene que ver con las decisiones.
En muchas clínicas, las decisiones importantes pasan por una sola persona.
- qué hacer
- cuándo hacerlo
- cómo resolverlo
- qué priorizar
Y aunque haya equipo, esa responsabilidad no siempre se distribuye.
Desde afuera, eso puede verse como liderazgo. Pero desde adentro, muchas veces se vive de otra manera:
- dudas que no se comparten
- decisiones que se revisan después
- sensación de no tener con quién pensar ciertos temas
Y sobre todo, una carga que no siempre se ve.
Tomar decisiones en soledad no es un problema de capacidad. Es una característica frecuente en quienes lideran.
Pero cuando no hay espacios donde esas decisiones puedan ser pensadas, el riesgo no está solo en equivocarse. Está en sostener todo sin contraste.
Pensar con otro no implica delegar la decisión. Implica ordenarla antes de tomarla.
Dar lugar a una mirada externa que no esté dentro del mismo sistema. No para decir qué hacer, sino para ampliar lo que se está viendo.
Hay decisiones que se pueden tomar solo. Y hay otras que, aunque puedan tomarse así, no necesariamente conviene hacerlo. Porque no todo en la clínica se resuelve dentro de ella.
COLUMNA ANTERIOR DEL DR. RUBÉN HUGO SOMOZA
- Decidir sin datos también es una decisión