La rabia continúa siendo una de las zoonosis más graves del mundo y representa un desafío permanente para la medicina veterinaria. En su guía más reciente, el Consejo Asesor Europeo para las Enfermedades Felinas (ABCD) recuerda que la prevención mediante la vacunación sigue siendo la estrategia más eficaz para evitar la enfermedad en los gatos y reducir el riesgo de transmisión a las personas.
Ante la sospecha clínica de rabia, no existe un tratamiento específico que haya demostrado eficacia en gatos. Por ello, el ABCD desaconseja cualquier intento terapéutico y recomienda el confinamiento seguro del animal y la notificación inmediata a las autoridades sanitarias.
El ABCD destaca que la vacunación preventiva constituye la principal herramienta para el control de la rabia en gatos. En las regiones donde la enfermedad es endémica, recomienda vacunar a todos los gatos con acceso al exterior. En los países libres de rabia, la inmunización está indicada cuando el animal vaya a viajar o ser trasladado a zonas donde el virus circula. En todos los casos, la vacunación debe realizarse de acuerdo con la normativa sanitaria vigente y la situación epidemiológica de cada país.
Actualmente, la prevención de la rabia en gatos se basa principalmente en vacunas antirrábicas inactivadas, que han demostrado ser altamente eficaces y, en términos generales, seguras. La guía señala que una sola dosis permite que la gran mayoría de los gatos desarrolle títulos de anticuerpos superiores a 0,5 UI/ml, valor aceptado internacionalmente como umbral de protección. Además, la evidencia científica recopilada por el ABCD indica que los gatos que alcanzan ese nivel presentan una probabilidad muy alta de supervivencia frente a una infección por el virus de la rabia.
Según la guía, los gatos responden incluso mejor que los perros a la vacunación antirrábica. Apenas el 2,6 % desarrolla títulos de anticuerpos inferiores a 0,5 UI/ml tras la primera vacunación, mientras que muchos alcanzan concentraciones superiores a 5 UI/ml. El pico de anticuerpos neutralizantes suele registrarse entre las cuatro y ocho semanas posteriores a la vacunación.
Además, un estudio reciente citado por el ABCD mostró que la vacunación realizada al finalizar procedimientos bajo anestesia general no afectó la seroconversión ni la respuesta inmunitaria de los gatos evaluados. Todos los animales desarrollaron títulos de anticuerpos superiores a 0,5 UI/ml, lo que sugiere que esta práctica puede realizarse sin comprometer la eficacia de la vacunación.
El ABCD advierte que, aunque la respuesta inmunitaria inducida por la vacunación es elevada, los títulos de anticuerpos disminuyen con el tiempo. Por ese motivo, recomienda respetar los esquemas de revacunación establecidos por la legislación vigente y por las indicaciones de cada vacuna.
Como esquema general, los gatitos deberían recibir la primera dosis entre las 12 y 16 semanas de edad, para evitar la interferencia de los anticuerpos maternales, seguida de un refuerzo al año, de acuerdo con las recomendaciones de la ficha técnica de cada vacuna. Posteriormente, la frecuencia de las revacunaciones dependerá de las vacunas autorizadas y de la normativa vigente, ya que algunos productos brindan protección durante tres años o más, mientras que otras jurisdicciones mantienen la revacunación anual como requisito legal.
La guía también analiza los avances en el desarrollo de vacunas antirrábicas. Aunque las vacunas inactivadas continúan siendo las más utilizadas, el interés por desarrollar vacunas recombinantes surgió, entre otros motivos, por la preocupación acerca de una posible asociación entre las vacunas con adyuvantes y el sarcoma felino en el sitio de inyección (FISS).
Sin embargo, el ABCD aclara que la evidencia científica disponible aún no permite recomendar de manera definitiva un tipo de vacuna sobre otro. Por ello, la elección del producto debe basarse en la evidencia disponible, la evaluación del riesgo de exposición y las características de cada paciente.
Otro aspecto destacado por la guía es el manejo de los gatos en refugios. En las zonas donde la rabia es endémica, el ABCD señala que los gatos callejeros deben considerarse en riesgo de exposición al virus. Por ello, recomienda extremar las medidas de bioseguridad durante su manipulación y cuidado, incluso cuando los animales no presenten signos clínicos compatibles con la enfermedad.
Las recomendaciones del ABCD ponen de manifiesto que el control de la rabia requiere una combinación de vacunación preventiva, vigilancia epidemiológica, cumplimiento de la normativa sanitaria y educación de los propietarios. Para los médicos veterinarios, estas medidas resultan fundamentales para proteger la salud de los gatos y reducir el riesgo de transmisión de una de las zoonosis más letales conocidas, en línea con el enfoque de Una Salud.