Perros y gatos pueden desempeñar un papel inesperado en la transmisión de enfermedades hacia la fauna silvestre. Así lo advierte un estudio realizado en San Luis, Costa Rica, una región rural próxima a áreas de conservación, donde investigadores analizaron 64 perros y 41 gatos domésticos.
La investigación encontró una importante circulación de agentes infecciosos. El 63% de los perros presentó anticuerpos contra el protoparvovirus carnívoro 1 y el 21% resultó positivo por PCR para Hepatozoon canis. También se detectaron Ehrlichia canis, Anaplasma platys y exposición a distintos serovares de Leptospira interrogans. En los gatos, el 42% presentó anticuerpos contra Toxoplasma gondii.
El problema se relaciona con el comportamiento de los animales: todos los perros tenían acceso al exterior y la mayoría vivía principalmente al aire libre. Los gatos también podían desplazarse libremente. Esta situación facilita el contacto con la fauna silvestre y la contaminación del ambiente. Algunos patógenos, además, pueden persistir en el entorno y transmitirse indirectamente.
Los resultados de Costa Rica no pueden extrapolarse directamente a Sudamérica, pero sí ponen en evidencia un mecanismo que también puede producirse en distintos ecosistemas de la región.
El propio estudio cita antecedentes de transmisión de patógenos entre animales domésticos y fauna silvestre en áreas protegidas de Bolivia y señala investigaciones sobre moquillo canino en perros y zorros en Chile. También existen registros de agentes transmitidos por garrapatas en perros y fauna silvestre de distintos países latinoamericanos.
En territorios donde los ambientes naturales están cada vez más fragmentados y aumenta la presencia de perros y gatos sin control sanitario, la frontera entre animales domésticos y silvestres se vuelve más difusa.
El estudio encontró una baja cobertura preventiva: solo el 25% de los perros había recibido alguna vacuna y el 36% algún antiparasitario; entre los gatos, ninguno había sido vacunado y apenas el 20% había recibido antiparasitarios.
Los autores destacan que la vacunación, el control de parásitos, la atención veterinaria periódica y la reducción del libre desplazamiento de los animales de comapañía pueden disminuir la circulación de patógenos y, al mismo tiempo, proteger a las poblaciones silvestres.El caso costarricense deja así una advertencia que trasciende sus fronteras: la medicina preventiva de perros y gatos también puede ser una herramienta de conservación de la biodiversidad y de protección de la salud pública.