jueves 16 de julio de 2026 - Edición Nº2695

Profesión | 16 de julio

Medicina Felina | Bienestar animal

Nuevas evidencias sobre la toma de temperatura en gatos

Un estudio multicéntrico concluye que la medición rutinaria de la temperatura rectal en gatos sanos con altos niveles de estrés tiene escasa utilidad clínica y, en muchos casos, podría evitarse para reducir el miedo y mejorar el bienestar durante la consulta veterinaria.


La toma de la temperatura rectal forma parte de la rutina en la mayoría de los exámenes clínicos veterinarios. Sin embargo, una nueva investigación internacional invita a replantear este procedimiento habitual en medicina felina.

El estudio, publicado en Journal of Veterinary Behavior por Bigras-Fontaine y colaboradores (2025), evaluó a 678 gatos clínicamente sanos atendidos en 11 establecimientos veterinarios y encontró que el 62% presentaba signos moderados o marcados de estrés durante la visita.

Los investigadores observaron que estos animales registraban temperaturas rectales significativamente más altas que los gatos tranquilos. Sin embargo, esa elevación fue atribuida al estrés y no a una enfermedad subyacente, ya que no modificó las decisiones clínicas cuando el examen físico era normal y no existían otros indicios de enfermedad.

 

El estrés puede explicar la temperatura elevada

Los resultados respaldan una hipótesis conocida por muchos clínicos: el estrés intenso puede provocar un aumento transitorio de la temperatura corporal, sin que ello implique necesariamente un proceso patológico.

Esta conclusión también quedó reflejada en una encuesta realizada a veterinarios de Quebec, donde el 80% de los profesionales afirmó que no cambiaría su plan diagnóstico o terapéutico únicamente por encontrar una temperatura rectal elevada en un gato sano y muy estresado.

Para los autores, estos datos invitan a replantear la necesidad de realizar este procedimiento de manera sistemática en todos los pacientes felinos.

 

Menos procedimientos, más bienestar

La investigación pone el foco en uno de los pilares de la medicina veterinaria moderna: reducir el miedo, la ansiedad y el estrés durante la consulta.

La medición de la temperatura rectal es considerada uno de los procedimientos más invasivos para muchos gatos y suele requerir una mayor sujeción física, lo que incrementa el nivel de estrés e incluso puede afectar la relación entre el paciente y el equipo veterinario.

Según los autores, si un gato está clínicamente sano, presenta un examen físico normal y un marcado nivel de estrés, el veterinario puede valorar si la información aportada por la temperatura rectal justifica el procedimiento.

 

Una escala práctica para evaluar el estrés

Además del análisis de la temperatura, el trabajo validó la Escala Simplificada de Estrés Felino (SFSS), una herramienta diseñada para identificar rápidamente el nivel de estrés del paciente en la práctica clínica.

El estudio mostró una elevada concordancia entre las evaluaciones realizadas por el personal veterinario y observadores expertos, especialmente cuando los profesionales habían recibido capacitación en comportamiento felino.

Los investigadores destacan que comprender el lenguaje corporal del gato permite detectar de forma más precisa los signos de miedo y ansiedad, favoreciendo estrategias de manejo de bajo estrés y disminuyendo el riesgo de respuestas defensivas o agresivas.

 

Un cambio de paradigma en la consulta felina

Los autores concluyen que la medición rutinaria de la temperatura rectal podría dejar de ser un procedimiento indispensable en gatos sanos que presentan un elevado nivel de estrés, siempre que el profesional no detecte otros hallazgos clínicos que justifiquen su realización.

Lejos de proponer eliminar este signo vital, el trabajo promueve una medicina más individualizada, donde el juicio clínico y el bienestar del paciente ocupan un lugar central.

En un contexto en el que las prácticas Cat Friendly y las estrategias de manejo de bajo estrés continúan consolidándose en la medicina felina, este estudio aporta evidencia para revisar protocolos tradicionales y promover una atención más segura, eficiente y respetuosa tanto para los gatos como para sus tutores.

 


 

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