La oncología veterinaria atraviesa una etapa de transformación acelerada. En los últimos años, los avances en diagnóstico molecular, quimioterapia e inmunoterapia permitieron mejorar la expectativa y calidad de vida de numerosos pacientes oncológicos. Sin embargo, la variabilidad individual frente a los tratamientos sigue siendo uno de los principales desafíos clínicos: algunos pacientes responden favorablemente, mientras que otros desarrollan toxicidades severas o muestran una eficacia limitada.
En este contexto, una nueva línea de investigación comienza a ganar protagonismo: el estudio del microbioma intestinal y su relación con el cáncer, conocido como “oncobioma”. Esta disciplina, ampliamente desarrollada en medicina humana, empieza ahora a consolidarse en pequeños animales gracias a iniciativas pioneras como la recientemente inaugurada por el Royal Veterinary College (RVC).
La institución británica presentó el primer Banco de Oncobioma veterinario especializado del Reino Unido y Europa, financiado por el RVC Animal Care Trust. El biobanco fue diseñado específicamente para recolectar, procesar y almacenar muestras microbiológicas de perros y gatos con diagnóstico oncológico, con el objetivo de generar una plataforma de investigación orientada a la medicina de precisión veterinaria.
El oncobioma comprende el conjunto de bacterias, virus, hongos y metabolitos que interactúan con el organismo del paciente y modulan el microambiente tumoral, la inflamación y la respuesta inmunitaria. Diversos estudios en humanos demostraron que las alteraciones del equilibrio microbiano —o disbiosis— pueden influir tanto en la carcinogénesis como en la eficacia y toxicidad de tratamientos antineoplásicos.
Actualmente, existe evidencia creciente de que determinadas poblaciones bacterianas intestinales pueden modificar la farmacocinética de drogas quimioterapéuticas, alterar la respuesta inmunológica e incluso condicionar el éxito de terapias inmunomoduladoras.
En medicina veterinaria, este campo permanecía prácticamente inexplorado hasta ahora.
El nuevo Banco de Oncobioma del RVC funciona como una infraestructura biotecnológica de alta complejidad destinada a preservar muestras fecales, plasma y suero de pacientes oncológicos bajo estrictos protocolos de calidad.
La estrategia de recolección posee un aspecto clave: las muestras se obtienen exclusivamente al momento del diagnóstico inicial, antes de iniciar quimioterapia, inmunoterapia o tratamientos antibióticos. Esto permite conservar el perfil microbiológico basal del paciente, evitando alteraciones secundarias inducidas por los tratamientos.
Posteriormente, las muestras son sometidas a procesos de criopreservación y ultracongelación que garantizan la estabilidad del ADN, ARN y metabolitos microbianos para futuras investigaciones genómicas y metabolómicas.
El proyecto se beneficia además del elevado volumen de atención del servicio de oncología del RVC, que recibe más de 1.500 pacientes oncológicos por año entre perros y gatos. Esta masa crítica permitirá generar bases de datos robustas y acelerar el desarrollo de estudios clínicos comparativos.
Aunque muchas de las aplicaciones todavía se encuentran en fase experimental, el impacto potencial para la clínica de pequeños animales es considerable.
Uno de los proyectos más avanzados del RVC, denominado “Gut Instinct”, investiga si determinadas firmas microbianas intestinales podrían predecir qué pacientes desarrollarán toxicidades gastrointestinales severas durante la quimioterapia. De confirmarse, esto permitiría diseñar perfiles de riesgo individuales y ajustar protocolos terapéuticos antes de iniciar el tratamiento.
Otra línea de investigación apunta a comprender cómo ciertas bacterias intestinales pueden activar o inactivar fármacos antineoplásicos, alterando su eficacia o aumentando sus efectos adversos.
A mediano plazo, estos conocimientos podrían traducirse en:
- Protocolos quimioterapéuticos personalizados según el perfil microbiano del paciente.
- Desarrollo de probióticos específicos para pacientes oncológicos.
- Estrategias nutricionales dirigidas.
- Uso estandarizado del Trasplante de Microbiota Fecal (FMT) como terapia complementaria.
- Herramientas predictivas para mejorar la tolerancia a los tratamientos.
Más allá de sus posibles aplicaciones clínicas, el proyecto también posee un importante valor científico en el campo de la investigación traslacional.
El valor científico del oncobioma veterinario trasciende la medicina animal. Los perros y gatos comparten el ambiente doméstico, la exposición a contaminantes y múltiples factores de riesgo con las personas, además de desarrollar tumores espontáneos con características biológicas similares a las humanas.
Por este motivo, los modelos oncológicos veterinarios son considerados de enorme relevancia dentro de la oncología comparada y traslacional.
Los datos generados por el Banco de Oncobioma podrían contribuir tanto al desarrollo de nuevas terapias veterinarias como a la investigación biomédica humana, fortaleciendo el concepto de “Una Salud”.
El Dr. Andy Yale, profesor de oncología veterinaria del RVC, destacó la importancia estratégica de la iniciativa: “El papel del microbioma en la oncología veterinaria aún está en sus inicios y representa una frontera prácticamente inexplorada. Al crear este recurso, buscamos facilitar futuros estudios clínicos de gran escala que puedan traducirse en una mejor atención para nuestros pacientes”.
Si las expectativas científicas se confirman, el estudio del oncobioma podría convertirse en una de las áreas más prometedoras de la oncología veterinaria durante la próxima década. Comprender cómo interactúan los tumores con los microorganismos que habitan el organismo permitiría avanzar hacia tratamientos más seguros, personalizados y eficaces para perros y gatos con cáncer.