Cada último sábado de junio, el calendario marca el Día Internacional del Perro Callejero. Las imágenes de perros vagando por calles, plazas y rutas suelen despertar empatía y movilizar campañas de adopción. Sin embargo, el mensaje de fondo debería ser más profundo: el bienestar animal no consiste en que existan perros callejeros a los que ayudar, sino en construir una sociedad donde esa condición deje de existir.
Un perro viviendo en la calle enfrenta diariamente múltiples riesgos. El hambre, la deshidratación, las enfermedades infecciosas y parasitarias, los traumatismos por accidentes de tránsito, el maltrato, las condiciones climáticas extremas y la reproducción sin control forman parte de una realidad incompatible con los principios modernos de bienestar animal.
Desde la perspectiva veterinaria, la calle nunca es un ambiente adecuado para un animal doméstico. El perro (Canis lupus familiaris) evolucionó junto al ser humano y depende de él para satisfacer sus necesidades físicas, sanitarias y conductuales. La supervivencia en espacios urbanos no representa una forma de libertad, sino una situación de vulnerabilidad permanente.
La problemática también tiene implicancias para la salud pública y ambiental. Las poblaciones caninas sin supervisión favorecen la transmisión de enfermedades zoonóticas, incrementan el riesgo de mordeduras, pueden afectar a la fauna silvestre y generan conflictos con la comunidad. Por ello, el abordaje requiere una estrategia integral basada en el concepto de Una Salud, que reconoce la estrecha relación entre la salud humana, animal y ambiental.
Los especialistas coinciden en que la solución es prevenir que nuevos animales lleguen a esa situación. La esterilización quirúrgica, la identificación mediante microchip o chapas, la vacunación, la educación en tenencia responsable y el compromiso permanente de los tutores constituyen las herramientas más efectivas para reducir el abandono y el crecimiento de poblaciones caninas sin hogar.
Las políticas públicas también cumplen un papel fundamental. Programas sostenidos de castración, campañas de adopción responsable, registros de identificación, control del abandono y acciones educativas permiten disminuir progresivamente la cantidad de animales en situación de calle cuando se mantienen en el tiempo y cuentan con participación comunitaria.
En este contexto, el concepto de "tutor responsable" adquiere un significado central. Implica asumir durante toda la vida del animal la responsabilidad de brindarle alimentación adecuada, atención veterinaria preventiva y curativa, protección, socialización, ejercicio y un entorno seguro. Tener un perro supone un compromiso ético que se extiende durante muchos años y no puede interrumpirse cuando cambian las circunstancias personales.
El Día Internacional del Perro Callejero puede servir, entonces, para visibilizar una problemática que aún demanda respuestas. Pero el mejor homenaje a estos animales no es naturalizar su presencia en las calles, sino trabajar para que llegue el día en que esta conmemoración recuerde una realidad superada.
Porque el verdadero bienestar consiste en que cada perro tenga un hogar, reciba atención veterinaria y viva junto a un tutor responsable que garantice su salud, su protección y su calidad de vida durante toda su existencia.