La hipotensión es una de las complicaciones más frecuentes y preocupantes durante la anestesia general en medicina veterinaria.
Una disminución sostenida de la presión arterial puede comprometer la perfusión de órganos vitales como los riñones, el corazón y el cerebro, aumentando el riesgo de lesiones y complicaciones posoperatorias.
Con el objetivo de identificar los factores que predisponen a esta condición, investigadores de la Ghent University llevaron adelante un estudio retrospectivo que evaluó procedimientos anestésicos realizados en perros. Los resultados, publicados recientemente bajo el título “Preoperative and intraoperative risk factors for hypotension during anesthesia in dogs: a retrospective study”, aportan información relevante para optimizar la seguridad anestésica en la práctica clínica.
El trabajo incluyó datos de 332 perros sometidos a un total de 390 procedimientos anestésicos. La mayoría de los pacientes (91,6%) atravesó una única anestesia, mientras que un porcentaje menor requirió múltiples intervenciones.
La incidencia global de hipotensión fue del 18,5%, registrándose en 72 de las 390 anestesias analizadas.
En cuanto al monitoreo de la presión arterial, la técnica oscilométrica no invasiva fue la más utilizada, presente en el 77% de los procedimientos. El monitoreo invasivo se empleó en el 23% restante. Entre los casos que desarrollaron hipotensión, el 68% fue controlado mediante oscilometría y el 32% mediante monitoreo invasivo.
Tras analizar múltiples variables, los investigadores identificaron tres factores asociados de manera significativa con un incremento del riesgo de hipotensión durante la anestesia.
Uno de ellos fue la edad. Los perros menores de 12 meses presentaron una mayor predisposición a desarrollar caídas de presión arterial en comparación con los animales adultos.
También se observó un mayor riesgo en las cirugías abdominales, especialmente cuando se las comparó con procedimientos diagnósticos u ortopédicos.
Por último, la duración de la anestesia surgió como un factor determinante: cuanto más prolongado fue el procedimiento anestésico, mayor resultó la probabilidad de que apareciera hipotensión.
Además de identificar factores de riesgo, el estudio encontró variables asociadas a una menor probabilidad de desarrollar hipotensión.
Los perros con mayor masa corporal mostraron un riesgo reducido en comparación con los animales de menor tamaño.
Asimismo, el uso de anestesia regional se vinculó con un efecto protector. Los autores destacan que técnicas como los bloqueos locorregionales pueden disminuir los requerimientos de anestésicos generales y contribuir a una mayor estabilidad hemodinámica.
Otro hallazgo relevante fue el papel de la ventilación mecánica. Los pacientes que recibieron soporte ventilatorio asistido presentaron una menor incidencia de hipotensión durante el procedimiento.
Los investigadores señalan que algunos factores, como la edad del paciente o el tipo de cirugía requerida, no pueden modificarse y exigen una vigilancia más estrecha por parte del equipo anestésico.
Sin embargo, otros elementos sí pueden ser abordados de forma preventiva. Entre ellos, destacan la reducción del tiempo anestésico mediante una planificación quirúrgica eficiente, la incorporación de técnicas de anestesia regional cuando estén indicadas y la evaluación del uso de ventilación mecánica como herramienta de soporte.
Según los autores, la coordinación entre cirujanos, anestesiólogos y personal de apoyo resulta fundamental para minimizar los riesgos asociados a procedimientos prolongados.
Más allá de los resultados obtenidos, el equipo de la Universidad de Gante advierte sobre una limitación importante que afecta a la literatura científica veterinaria: la falta de criterios estandarizados para definir y medir la hipotensión durante la anestesia.
Esta heterogeneidad dificulta la comparación entre estudios y la elaboración de recomendaciones clínicas basadas en evidencia sólida. Por ello, los investigadores consideran prioritario impulsar nuevas investigaciones que permitan establecer parámetros uniformes y mejorar las estrategias de prevención.
En un contexto donde la anestesia veterinaria continúa evolucionando hacia protocolos cada vez más seguros, trabajos como este aportan evidencia valiosa para reducir complicaciones y proteger la función de órganos vitales en los pacientes caninos.