Cada 17 de junio se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para concientizar sobre uno de los desafíos ambientales más importantes de nuestro tiempo: la degradación de las tierras y la creciente escasez de agua que afecta a millones de personas en todo el planeta.
Aunque la desertificación suele asociarse a regiones áridas o semidesérticas, sus efectos alcanzan también a zonas productivas que sufren erosión, pérdida de fertilidad, salinización de los suelos y disminución de la cobertura vegetal. Estos procesos impactan directamente sobre la producción agropecuaria, la biodiversidad y la capacidad de los ecosistemas para sostener la vida.
En Argentina, donde amplias regiones enfrentan ciclos recurrentes de sequía y eventos climáticos extremos, la problemática adquiere una relevancia particular. La disminución de las precipitaciones, el sobrepastoreo, los cambios en el uso del suelo y ciertas prácticas productivas inadecuadas pueden acelerar los procesos de degradación, comprometiendo tanto la productividad como la sustentabilidad de los sistemas ganaderos.
Si bien la desertificación suele abordarse desde una perspectiva ambiental o agronómica, los médicos veterinarios tienen un papel fundamental en la búsqueda de soluciones. Su trabajo se vincula estrechamente con la salud animal, el manejo de los recursos naturales y la sostenibilidad de los sistemas productivos.
La planificación de las cargas ganaderas, el manejo racional del pastoreo, la conservación de los pastizales naturales, la implementación de sistemas silvopastoriles y el bienestar animal en contextos de estrés hídrico son algunas de las áreas en las que los profesionales veterinarios pueden contribuir de manera significativa.
Además, la degradación de los ecosistemas genera cambios en la distribución de especies silvestres, modifica las dinámicas sanitarias y puede favorecer la aparición o expansión de determinadas enfermedades, aspectos que también forman parte del campo de acción de la medicina veterinaria bajo el enfoque de Una Salud.
Las sequías prolongadas reducen la disponibilidad y calidad de forrajes, disminuyen la oferta de agua para consumo animal y afectan la productividad de los rodeos. Como consecuencia, pueden registrarse pérdidas de condición corporal, disminución de los índices reproductivos, menor producción de leche y carne, e incluso aumentos en la mortalidad durante eventos climáticos severos.
A esto se suman los costos económicos derivados de la suplementación alimentaria, el transporte de agua y la necesidad de adaptar los sistemas productivos a condiciones cada vez más variables e impredecibles.
Por ello, especialistas de distintos ámbitos coinciden en que la prevención y el manejo sostenible de los recursos naturales constituyen herramientas clave para fortalecer la resiliencia de la ganadería frente al cambio climático.
La desertificación no es un fenómeno inevitable. Diversas experiencias desarrolladas en Argentina y otros países han demostrado que la recuperación de pastizales, la restauración de ecosistemas degradados y la adopción de prácticas productivas sustentables permiten mejorar la salud de los suelos, aumentar la biodiversidad y fortalecer la capacidad de los sistemas agropecuarios para enfrentar períodos de sequía.
En este contexto, el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía invita a reflexionar sobre la necesidad de gestionar responsablemente uno de los recursos más valiosos para la producción animal: el suelo. Porque detrás de cada pastura, cada rodeo y cada alimento producido existe un ecosistema cuya conservación resulta indispensable para garantizar la salud animal, la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible de las generaciones futuras.