Una investigación argentina volvió a poner el foco sobre un aspecto poco considerado en la producción apícola: el impacto del diseño de las colmenas en la salud y supervivencia de las colonias. El estudio, desarrollado en el norte de Mendoza por científicos del CONICET y de la Universidad Juan Agustín Maza, evaluó cómo distintos modelos de cajas apícolas influyen en la capacidad de las abejas melíferas (Apis mellifera) para mantener estable la temperatura interna del nido.
La regulación térmica es un proceso crítico para la vida de la colonia. Las abejas obreras deben sostener la temperatura del área de cría entre 32 y 36 °C para garantizar el desarrollo normal de larvas y pupas. Cuando esos valores se alteran, especialmente por exceso de calor, aumenta el riesgo de mortalidad y deterioro sanitario.
El trabajo, publicado en la revista International Journal of Biometeorology, comparó dos sistemas ampliamente utilizados en apicultura: la clásica colmena Langstroth —de estructura horizontal y uso tradicional desde el siglo XIX— y el sistema de núcleos apilados, un formato más angosto y vertical que en los últimos años ganó espacio entre productores por su practicidad y manejo.
Durante cuatro meses de primavera y verano, los investigadores monitorearon la temperatura interna de las colmenas mediante sensores de precisión y analizaron además la actividad en la piquera como indicador del estado y dinamismo de las colonias.
Los resultados mostraron que las abejas lograron conservar temperaturas adecuadas en el núcleo de cría en ambos sistemas. Sin embargo, el modelo de núcleos apilados presentó una mayor cantidad de episodios de sobrecalentamiento en las zonas periféricas de la colmena, evidenciando mayores dificultades para disipar el calor en condiciones de intensa radiación solar.
“Un mensaje que se desprende del estudio es lo expuestas a la insolación que están las colmenas destinadas a la producción en Mendoza. Se deben repensar algunas metodologías que simplemente se copian de otras regiones del mundo”, señaló Gerónimo Galvani, investigador del CONICET que participó del trabajo.
El estudio también determinó que el diseño de la colmena no generó diferencias significativas en la recolección de polen, aunque los autores aclaran que todavía se requieren más investigaciones antes de emitir recomendaciones definitivas para el sector.
Los hallazgos aportan evidencia sobre la necesidad de adaptar las tecnologías y estrategias de manejo apícola a las condiciones ambientales locales, especialmente frente al avance del cambio climático y el incremento de eventos de calor extremo que amenazan la estabilidad de las colonias.