El Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) N° 810, SE20 del Ministerio de Salud de la República Argentina correspondiente a la semana 20 de 2026 expone un escenario sanitario complejo en el país. Aunque el informe reporta principalmente el comportamiento de los virus respiratorios estacionales en humanos, una lectura profunda desde la perspectiva de Una Salud enciende alarmas directas para los profesionales de la medicina veterinaria en Argentina, tanto en el ámbito de la producción porcina como en la práctica rural y el manejo de fauna silvestre.
El dato más relevante para la profesión surge del tercer informe especial sobre vigilancia ambiental en aguas residuales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El estudio, realizado por la ANLIS Malbrán y AySA, detectó una presencia crítica y sostenida del virus de la Hepatitis E (HEV) en todas las plantas depuradoras analizadas, con tasas de positividad acumulada que alcanzan hasta el 76% (Planta El Jagüel).
La caracterización molecular confirmó que las variantes pertenecen al genotipo 3 (clado 3.1). Para el ámbito veterinario, esto no es un dato menor: el genotipo 3 es netamente zoonótico y tiene a los cerdos domésticos y los jabalíes como sus principales reservorios naturales.
Dado que en los porcinos la infección cursa de forma asintomática pero con una alta excreción viral en heces, estos resultados exponen la necesidad de ajustar las medidas de bioseguridad, el manejo de efluentes en granjas y reforzar los controles de inocuidad alimentaria en la cadena de chacinados y productos cárnicos.
Por otro lado, la vigilancia de Hantavirus reportó un acumulado de 47 casos en lo que va de 2026 (107 en la temporada 2025-2026), con dos nuevas notificaciones en la última semana localizadas en Salta y en la localidad bonaerense de Arrecifes.
La región Centro concentra el 52% de los casos acumulados (con Buenos Aires a la cabeza con 44 infectados), mientras que el NOA presenta la tasa de incidencia más alta del país, con el 81% de sus registros concentrados en la provincia de Salta.
Este panorama revalida el rol del médico veterinario rural y asesor agropecuario como actor clave en la prevención. La colonización de establecimientos por parte de roedores silvestres (principalmente el ratón colilargo, Oligoryzomys flavescens) representa el eslabón fundamental de transmisión. El diseño de planes integrales de control de plagas, el desmalezamiento y las pautas de bioseguridad en el almacenamiento de granos y alimentos balanceados son tareas prioritarias para frenar el impacto de esta zoonosis en las comunidades rurales.
Finalmente, el BEN confirma el predominio absoluto del subclado J.2.4.1 (K) de Influenza A(H3N2) en la población humana, con picos de positividad que rozaron el 42%. Si bien el brote actual es de transmisión interhumana, la alta carga viral comunitaria reabre el debate sobre la antropozoonosis (el contagio de humanos a animales). Sabiendo que los virus de Influenza A tienen un comportamiento dinámico y que el H3N2 circula de forma endémica en cerdos y caninos, el monitoreo epidemiológico de cuadros respiratorios atípicos en granjas y clínicas es fundamental para detectar potenciales reordenamientos virales.
Por último, el reporte epidemiológico del dengue y la fiebre chikungunya (esta última con un fuerte arraigo en el NOA, sumando 2.547 casos en la temporada) recuerda la vigencia y dispersión del mosquito Aedes aegypti. Aunque estos virus específicos no afectan la sanidad de los animales de compañía, el control ambiental y el ordenamiento territorial que promueve el sector veterinario para combatir al vector son exactamente las mismas herramientas necesarias para prevenir enfermedades de alto impacto veterinario, como la dirofilariasis canina.
El boletín también deja en claro que las fronteras entre la salud humana, animal y ambiental son inexistentes.