
En muchas clínicas, el momento de cobrar sigue siendo incómodo. No importa la experiencia, ni los años de trabajo.
Aparecen dudas:
-si el precio es adecuado
-si el cliente lo va a aceptar
-si conviene ajustarlo o no
Y en muchos casos, la decisión termina siendo defensiva.
Es común pensar que el problema está en el valor de los honorarios. Pero en la práctica, muchas veces el precio es solo un síntoma.
Detrás suele haber algo más profundo:
- falta de criterio en la construcción de honorarios
- servicios que no están bien definidos
- diferencias entre lo que se hace y lo que se comunica
- una estructura que no termina de sostenerse
A veces se responsabiliza al tutor:
- “no quiere pagar”
- “compara todo”
- “no valora el trabajo”
Y si bien eso existe, no explica todo.
Porque cuando hay claridad en lo que se ofrece, en cómo se explica y en qué lugar ocupa dentro de la clínica, la conversación cambia.
Definir honorarios no es solo un cálculo.
Es una decisión que involucra:
- el modelo de clínica
- el tipo de servicio que se quiere ofrecer
- la sostenibilidad en el tiempo
Y cuando eso no está claro, el precio queda flotando.
Y con él, la incomodidad.
No siempre se trata de cobrar más. Muchas veces se trata de entender mejor qué se está cobrando y por qué.
Porque en ese punto, la conversación deja de ser incómoda y empieza a ser profesional.
COLUMNA ANTERIOR DEL DR. RUBÉN HUGO SOMOSA
- Cuando todo pasa por vos (y ese es el problema)