La relación entre el clima, la disponibilidad de pasto y la producción ganadera vuelve a ocupar un lugar central en el nordeste argentino. En este contexto, una investigación impulsada desde la Universidad Nacional del Nordeste busca determinar si la época del año en que nacen los terneros puede influir en su crecimiento y en la rentabilidad de los sistemas de cría bovina.
El estudio es llevado adelante por Sofía Sadañosky, estudiante de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE, a través de una Beca de Pregrado de la Secretaría General de Ciencia y Técnica de la universidad. El trabajo se desarrolla en un establecimiento ubicado en el Departamento San Luis del Palmar, a unos 28 kilómetros de la ciudad de Corrientes.

La investigación, titulada “Impacto de la época de nacimiento sobre el crecimiento de terneros y la condición corporal de vacas en un sistema de cría bovina”, es dirigida por los médicos veterinarios Lía Macarena Navarro Krilich, Adriana Capellari y Jonatan Yostar.
La ganadería del NEA se desarrolla mayormente sobre pastizales naturales, donde la cantidad y calidad del forraje cambia notablemente según la estación. Durante el invierno, el crecimiento del pasto disminuye y su valor nutritivo es menor, mientras que en primavera y verano la oferta forrajera mejora considerablemente. Bajo estas condiciones, los investigadores plantean que un ternero nacido en otoño no enfrenta el mismo ambiente productivo que uno nacido en invierno, lo que podría traducirse en diferencias de crecimiento.
Además, la creciente variabilidad climática registrada en los últimos años genera nuevos desafíos para los productores. Sequías más frecuentes, temperaturas elevadas y lluvias irregulares afectan tanto la disponibilidad de alimento como el bienestar animal, obligando a revisar estrategias tradicionales de manejo.
“El objetivo es establecer si el momento del nacimiento determina cuánto crece y cuánto pesa un ternero al destete, y también evaluar cómo impacta en la condición corporal de las vacas durante la lactancia”, explican desde el equipo de investigación.
El trabajo incluye el seguimiento de 80 terneros Brangus, hijos de vacas sometidas a programas de inseminación artificial a tiempo fijo en dos períodos distintos: fines de junio y fines de septiembre. De esta manera, se conformaron dos grupos experimentales: 40 terneros nacidos en otoño y 40 nacidos en invierno.
Desde el nacimiento hasta el destete se registrará periódicamente el peso de cada animal y su ganancia diaria de peso. Paralelamente, se evaluará la condición corporal de las vacas y se medirá la disponibilidad de pasto por hectárea en cada cambio de estación, con el fin de relacionar el desempeño productivo con las condiciones ambientales.
Los resultados podrían aportar información estratégica para redefinir decisiones de manejo en establecimientos ganaderos de la región. Un ternero con mejor crecimiento y mayor peso al destete representa mayores ingresos para el productor, mientras que un manejo más ajustado al ciclo natural de los pastizales favorece el uso eficiente de los recursos forrajeros y la sustentabilidad del sistema.
Actualmente, el nordeste argentino concentra alrededor de 12,7 millones de cabezas bovinas sobre un stock nacional estimado en 50,9 millones, según datos de la SAGyP-MECON 2026. En este escenario, generar conocimiento local sobre adaptación productiva frente al cambio climático aparece como una necesidad cada vez más relevante para el futuro de la ganadería regional.