viernes 24 de abril de 2026 - Edición Nº2612

Profesión | 24 de abril

Medicina felina

ERC felina: claves actuales para el diagnóstico temprano y el manejo clínico

Un consenso internacional actualizado pone el foco en la detección precoz, el estadiaje preciso y un abordaje terapéutico integral como herramientas clave para mejorar la sobrevida y la calidad de vida de los gatos con enfermedad renal crónica.


La enfermedad renal crónica (ERC) es una de las patologías más frecuentes en la clínica felina, especialmente en gatos de edad avanzada. Según las Directrices de Consenso de la International Society of Feline Medicine (ISFM), publicadas en el Journal of Feline Medicine and Surgery, se trata de una condición progresiva e irreversible, pero cuyo impacto puede modificarse de manera significativa con un diagnóstico temprano y un manejo adecuado.

El documento destaca que la ERC se define como una alteración estructural o funcional de los riñones que persiste durante al menos tres meses. En la práctica clínica, su detección precoz representa un desafío, ya que los signos suelen ser sutiles en etapas iniciales. Por eso, los especialistas recomiendan implementar controles rutinarios en gatos mayores de siete años, incluyendo análisis de sangre, estudios de orina y medición de la presión arterial.

Uno de los avances clave en el diagnóstico es el uso combinado de creatinina plasmática y SDMA, que permite una evaluación más sensible de la función renal. A partir de estos parámetros, se establece el estadiaje según los criterios de la IRIS, herramienta fundamental para definir el pronóstico y el tratamiento.

El consenso subraya que no todos los casos evolucionan igual. Factores como la proteinuria y la hipertensión arterial sistémica actúan como indicadores de peor evolución, por lo que su control resulta prioritario en el seguimiento del paciente.

En cuanto al tratamiento, las guías son contundentes: el manejo nutricional es la intervención con mayor respaldo científico. Las dietas renales —bajas en fósforo y con proteínas de alta calidad— no solo ayudan a reducir la carga sobre el riñón, sino que también contribuyen a mejorar la calidad de vida y prolongar la supervivencia. Sin embargo, la transición alimentaria debe ser gradual para evitar el rechazo, un aspecto crítico en medicina felina.

El control del fósforo sérico es otro eje central. Cuando la dieta no alcanza, se recomienda el uso de quelantes intestinales. A esto se suma la importancia de mantener una adecuada hidratación, mediante el estímulo del consumo de agua, el uso de dietas húmedas y, en estadios avanzados, la administración de fluidos subcutáneos.

La hipertensión arterial, frecuente en estos pacientes, debe tratarse de forma activa para prevenir daños en órganos vitales. El amlodipino se posiciona como el fármaco de elección, mientras que la proteinuria puede manejarse con inhibidores del sistema renina-angiotensina, como telmisartán o benazepril.

Además, el documento aborda complicaciones habituales como la hipopotasemia, la anemia y los trastornos gastrointestinales, que requieren intervenciones específicas según la gravedad del cuadro.

Un aspecto distintivo de estas directrices es el énfasis en el bienestar del paciente. El enfoque “Cat Friendly” propone equilibrar la eficacia terapéutica con el estrés que puede generar el tratamiento. En este sentido, se priorizan aquellas intervenciones con mayor impacto clínico, evitando sobrecargar al animal y preservar el vínculo con sus cuidadores.

En conclusión, la ERC felina ya no se aborda como una sentencia inevitable, sino como una enfermedad crónica que puede manejarse de forma integral. La clave está en la detección temprana, el seguimiento continuo y la adaptación del tratamiento a cada paciente. Para los veterinarios, este consenso sigue siendo una referencia fundamental en la práctica diaria, aunque se recomienda complementarlo con las actualizaciones más recientes para optimizar el abordaje clínico.

 

 


 

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