En una Argentina donde los animales de compañía han dejado de ser simples guardianes del patio para convertirse en integrantes fundamentales de la familia, el modo en que nos desplazamos con ellos está en plena transformación. Sin embargo, esta evolución cultural no siempre ha ido acompañada de una conciencia vial acorde: lo que durante décadas fue una práctica naturalizada -como llevar al perro asomado por la ventana o al gato en el regazo- hoy choca de frente con la cruda realidad de la siniestralidad vial y un marco legal que, aunque lento, empieza a reaccionar.
Desde la medicina veterinaria y la ingeniería vial, el diagnóstico es contundente. Un animal suelto constituye un factor de riesgo activo. El argumento técnico más irrebatible es la física del impacto: Un perro de 20 kilos puede multiplicar su masa hasta superar los 500 kilos ante una frenada brusca o un impacto a solo 50 km/h.
A esto se suma la distracción cognitiva del conductor: un animal que intenta acceder al tablero o demanda atención física incrementa exponencialmente la probabilidad de un siniestro.
Aunque el vacío nacional persiste, varias jurisdicciones han tomado la delantera con normativas y controles específicos:
Provincia de Buenos Aires: A través de la Ley 13.637, prohíbe explícitamente el transporte de animales en el asiento delantero y exige que viajen en el trasero sujetos con arneses. La policía vial suele ser rigurosa en los operativos estacionales hacia la Costa Atlántica.
- Córdoba: Su Policía Caminera es referente en la aplicación de la Ley 8.560. Bajo el criterio de "evitar distracciones", fiscalizan que el perro no asome la cabeza por la ventana ni viaje suelto, considerando al animal como "un pasajero más sin cinturón".
- CABA: Además de las fotomultas por distracciones, la Ciudad innovó en el transporte público permitiendo animales de compañía en el Subte (en caniles rígidos), sentando un precedente de convivencia urbana.
- Santa Fe (Funes y Rosario): En localidades como Funes, se han implementado recientemente multas de hasta $500.000 que no solo castigan el traslado inseguro, sino también el abandono de animales encerrados dentro de vehículos bajo el sol, vinculando seguridad vial con protección animal.
- Provincia de Mendoza: comenzará a aplicar multas de entre $180.000 y $200.000 (aproximadamente, a marzo 2026) a conductores que lleven animales de compañía en el asiento delantero o sueltos.
A finales de 2025, la Resolución 2076/2025 de la Secretaría de Transporte de la Nación marcó un antes y un después. Por primera vez, se autorizó formalmente el traslado de animales de compañía en servicios de jurisdicción nacional bajo estándares técnicos estrictos: uso de transportines, ubicación en espacios específicos y requisitos de sujeción. Este avance pone en evidencia la contradicción de regular el transporte público mientras el auto particular -donde viaja la mayoría de los argentinos- sigue en una zona gris legislativa.
A pesar de estos avances, en ámbitos rurales y periurbanos persiste el transporte de perros en la caja de camionetas. Esta modalidad, aunque habitual, expone al animal a:
- Asfixia o ahorcamiento por sujeción improvisada.
- Lesiones oculares y auditivas por el viento.
- Golpes de calor por contacto con la superficie metálica.
Referentes del ámbito veterinario coinciden en recomendaciones mínimas que deberían ser ley nacional:
- Sistemas de sujeción: Arnés de doble anclaje (nunca collar) fijado al cinturón de seguridad.
- Ubicación: Asiento trasero o transportadores rígidos detrás de los asientos delanteros para felinos.
La incorporación de los animales en las políticas de seguridad vial ya no es una opción, sino una necesidad de salud pública. Organismos como la Agencia Nacional de Seguridad Vial tienen el desafío de unificar estos criterios provinciales en una normativa clara que elimine la interpretación arbitraria de los agentes.
En un país con altos índices de siniestralidad, considerar a los animales de compañía como pasajeros responsables es, en última instancia, una estrategia de prevención que protege la vida de todos los que comparten el habitáculo.