Una investigación internacional liderada por el especialista Paulo Steagall, publicada en The Veterinary Journal, enciende una señal de alerta: pese a los avances científicos de la última década, el manejo del dolor en gatos continúa siendo subóptimo en comparación con otras especies.
El trabajo, basado en respuestas de 2.194 veterinarios de 88 países, ofrece una radiografía actual de la práctica clínica y confirma que variables como la ubicación geográfica, el acceso a fármacos y la formación profesional condicionan la calidad de la analgesia en felinos.
Entre los datos positivos, el estudio destaca la consolidación de herramientas objetivas. La Escala de Muecas Felinas (FGS) se posiciona como el método más utilizado a nivel global para evaluar dolor agudo (43,6%), superando a sistemas tradicionales.
Este avance refleja una mayor sensibilización hacia signos sutiles -como los cambios en la expresión facial- en una especie que tiende a ocultar el dolor.
En el plano farmacológico, el meloxicam (76,4%) y la buprenorfina (48,1%) continúan siendo los pilares del tratamiento del dolor agudo, tanto quirúrgico como traumático.
Sin embargo, persisten diferencias regionales: mientras en algunos países la analgesia preoperatoria es una práctica consolidada, en otros aún se inicia en el postoperatorio, con impacto directo en el bienestar animal.
El principal punto crítico aparece en el abordaje del dolor crónico, especialmente en patologías como la osteoartritis felina.
Aunque el 40% de los veterinarios encuestados afirma tener buen conocimiento sobre el tema, un 40,8% reconoce no utilizar escalas ni sistemas de puntuación para evaluarlo.
Sin medición sistemática, el dolor crónico sigue siendo un “sufrimiento silencioso”, frecuentemente interpretado por los tutores como parte del envejecimiento normal.
Como dato alentador, el uso de anticuerpos monoclonales anti-NGF ya alcanza al 47% de los profesionales, marcando un cambio de paradigma en el tratamiento de enfermedades articulares degenerativas.
El estudio concluye que la educación continua es clave para reducir estas brechas. La adopción de protocolos estandarizados, el uso de analgesia multimodal y la expansión de clínicas “Cat Friendly” aparecen como estrategias centrales para mejorar la calidad de atención.
Más que un diagnóstico, el trabajo se posiciona como una hoja de ruta para la profesión. En una especie donde el dolor suele pasar desapercibido, el desafío es mejorar las herramientas de evaluación y fortalecer el rol del veterinario como intérprete del bienestar felino.