miércoles 15 de abril de 2026 - Edición Nº2603

Profesión | 15 de abril

Actualización en medicina felina

PIF: nuevas guías redefinen el tratamiento

Un nuevo consenso del Consejo Asesor Europeo sobre Enfermedades de los Gatos actualiza el abordaje de la Peritonitis Infecciosa Felina, con tratamientos más cortos y orales que consolidan un cambio de paradigma, con tasas de éxito superiores al 90%.


Durante años, la Peritonitis Infecciosa Felina (PIF) fue considerada una de las patologías más desafiantes y frustrantes de la clínica de pequeños animales. Su diagnóstico implicaba, en la mayoría de los casos, un desenlace fatal o la indicación de cuidados paliativos de corta duración.

Sin embargo, ese escenario cambió de forma contundente. Un nuevo consenso publicado por el Consejo Asesor Europeo sobre Enfermedades de los Gatos (ABCD) en la revista Viruses confirma que la PIF es hoy una enfermedad potencialmente curable, con tasas de éxito que superan el 90% cuando el diagnóstico y el tratamiento son adecuados.

El documento, elaborado por especialistas de referencia internacional, sintetiza la evidencia más reciente sobre terapias antivirales y propone una actualización de los protocolos clínicos, con foco en la eficacia, la adherencia y la accesibilidad.

 

Esquemas más cortos, mejor adherencia

Uno de los principales cambios es la reducción en la duración del tratamiento. Frente al esquema tradicional de 84 días (12 semanas), el ABCD valida protocolos de 42 días (6 semanas), especialmente en cuadros de PIF efusiva.

Este ajuste tiene un impacto directo en la práctica clínica: reduce costos, mejora el cumplimiento por parte de los tutores y disminuye el estrés tanto del paciente como del entorno familiar.

 

Antivirales: la vía oral gana protagonismo

El consenso posiciona al GS-441524 como tratamiento de elección, con una recomendación clara hacia su administración por vía oral (comprimidos o suspensión), desplazando progresivamente a las inyecciones subcutáneas.

La dosis orientativa para la mayoría de los casos es de 15 mg/kg cada 24 horas. En pacientes con compromiso neurológico u ocular, se sugiere ajustar la dosis al alza debido a la limitada penetración del fármaco en el sistema nervioso central.

Este cambio no es menor: la vía oral mejora significativamente la experiencia del paciente, reduce complicaciones locales y facilita la adherencia al tratamiento.

 

Otras opciones terapéuticas

El documento también contempla alternativas antivirales en situaciones específicas:

- Remdesivir: indicado en pacientes graves o internados, especialmente al inicio del tratamiento, por vía intravenosa.

- Molnupiravir: opción en casos de resistencia o falta de disponibilidad de otros antivirales, aunque con menor evidencia y seguimiento en términos de seguridad a largo plazo.

 

Acceso, regulación y rol profesional

Uno de los puntos críticos que plantea el consenso es la disponibilidad de estos tratamientos. En muchos países, los antivirales aún no cuentan con aprobación veterinaria formal, lo que ha impulsado la circulación de productos en mercados no regulados.

Frente a esta realidad, el ABCD enfatiza el rol activo del veterinario: acompañar al tutor, brindar soporte clínico y realizar un monitoreo riguroso del paciente.

En este sentido, el seguimiento de biomarcadores como la alfa-1 glicoproteína ácida (AGP) y la amiloide A sérica (SAA) resulta clave para evaluar la respuesta terapéutica.

Asimismo, se incorpora el concepto de “tratamiento diagnóstico”, que consiste en iniciar terapia antiviral ante una alta sospecha clínica de PIF, considerando que la respuesta suele evidenciarse en un plazo de 48 a 72 horas.

 

Un nuevo escenario para la clínica felina

La actualización del ABCD marca un punto de inflexión en el abordaje de la PIF. Lo que durante años fue una enfermedad prácticamente letal, hoy se presenta como una patología tratable y con pronóstico favorable.

Para el veterinario, esto implica no solo incorporar nuevas herramientas terapéuticas, sino también adaptarse a un contexto dinámico, donde la actualización permanente y el criterio clínico son determinantes para mejorar los resultados y la calidad de vida de los pacientes.

 

 


 

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