domingo 8 de marzo de 2026 - Edición Nº2565

Marketing y negocios | 23 de febrero

LA COLUMNA DEL DR. RUBÉN HUGO SOMOZA

¿Por qué hay tantos veterinarios emprendedores?

La práctica veterinaria atraviesa un cambio profundo: ya no alcanza con ser un buen médico veterinario clínico o especialista. En esta columna, se propone una mirada crítica sobre el auge del veterinario emprendedor, analizando sus causas, tensiones y desafíos desde la experiencia clínica, la gestión y el trabajo con equipos profesionales.


Dr. Rubén Hugo Somoza
Médico Veterinario y Coach Ontológico Profesional - Director de OnlineVets

 

En los últimos años se observa un fenómeno cada vez más visible: una proporción creciente de médicos veterinarios decide emprender. Clínicas propias, servicios especializados, empresas de productos, plataformas digitales, consultorías, educación, comunicación. El abanico es amplio y sigue creciendo.

La pregunta no es si esto ocurre —porque ocurre— sino por qué.

Lejos de una mirada romántica del “emprendedor exitoso”, este artículo propone analizar las causas estructurales, culturales y profesionales que empujan a tantos veterinarios a emprender, apoyándose en literatura del sector y en la opinión implícita de referentes que han transitado ese camino.

Durante décadas, el camino profesional del médico veterinario parecía relativamente lineal: recibirse, trabajar para otro, con suerte asociarse, y eventualmente abrir una clínica propia. Hoy ese recorrido ya no explica lo que vemos en la realidad cotidiana.

Cada vez más veterinarios emprenden. No todos de la misma manera, ni con los mismos resultados. Algunos abren clínicas, otros crean servicios, marcas, consultorías, plataformas, propuestas híbridas difíciles de encasillar. El fenómeno es evidente. La pregunta relevante es ¿qué lo explica?

 

Emprender como respuesta, no como ideal

Una primera aclaración necesaria: la mayoría de los veterinarios emprendedores no salen de la facultad queriendo ser empresarios. Emprenden como respuesta a un sistema que ya no les ofrece desarrollo profesional, autonomía ni coherencia entre lo que saben hacer y cómo se les permite hacerlo.

La búsqueda de independencia —de agenda, de criterio clínico, de vínculo con los tutores— aparece como uno de los principales motores del emprendimiento veterinario. No se trata solo de ingresos, sino de “control sobre la práctica” y de recuperar sentido en el ejercicio diario.

Este punto es clave: el emprendimiento veterinario no nace del exceso de ambición, sino muchas veces del “agotamiento del modelo tradicional”.

 

Cuando la clínica deja de ser el único formato posible

El contexto también cambió. Hoy el ejercicio profesional no está limitado al consultorio clásico. Existen nichos, especializaciones, servicios personalizados y modelos de atención que antes no tenían lugar o no eran viables.

En ese escenario aparece una figura interesante, todavía poco comprendida en nuestro medio, pero muy reveladora del cambio cultural: “El veterinario concierge” (Médico veterinario de cabecera o referente).

 

El modelo concierge: menos volumen, más criterio

El servicio veterinario concierge no es una especialidad ni una etiqueta de marketing. Es un “modelo de ejercicio profesional” que rompe con una lógica profundamente arraigada en la veterinaria tradicional: la del alto volumen y la consulta corta. (luego lo vamos a discutir cuando veamos los grupos empresariales veterinarios con presencia internacional, que manejan economías de escala, basadas en la fusión de varias clínicas con reducción de costos, mejores condiciones de compra de insumos médicos y medicamentos y que tienen como estrategia la implementación de protocolos rígidos que los profesionales empleados deben seguir al pie de la letra).

En este modelo, el veterinario decide emprender no para crecer en tamaño, sino para “redefinir la forma de trabajar”.

 

¿Qué cambia?

- Se atienden menos pacientes.

- Las consultas son más largas.

- El vínculo con el tutor es directo y continuo.

- El seguimiento es proactivo.

- El profesional actúa como referente principal del caso, no como un prestador aislado.

El valor no está en hacer más, sino en “hacer mejor y con más contexto”.

Este tipo de servicio suele enfocarse en pacientes crónicos, geriátricos, neonatales y en el asesoramiento en reproducción, también en casos complejos donde la fragmentación del sistema tradicional genera errores, frustración y desgaste.

 

Un emprendedor distinto: no escala, pero se posiciona

Desde el punto de vista empresarial, el veterinario concierge es un emprendedor atípico.

- No busca escalar en cantidad.

- No persigue estructuras grandes.

- No compite por precio.

Compite por:

-tiempo

- disponibilidad

- criterio

- acompañamiento

- confianza

Es imprescindible trabajar en equipo multidisciplinario y liderar la acción ante el tutor.

El médico veterinario concierge aconseja al tutor los pasos a seguir y a que especialistas consultar, interpreta informes y estudios. Es un profesional integrador, un consejero idóneo.

Esto tiene una consecuencia interesante: “el emprendimiento se ordena alrededor del profesional”, no al revés.

La agenda, los límites, la disponibilidad y el valor económico del servicio están claramente definidos. Cuando esto no ocurre, el modelo fracasa.

Aquí aparece una verdad incómoda: muchos veterinarios que intentan emprender en formatos “premium” fracasan no por lo médico, sino por “no saber poner límites”, por confundir cercanía con disponibilidad ilimitada.

 

El concierge como síntoma, no como excepción

El modelo concierge no es relevante por su volumen, sino por lo que revela: una nueva forma de entender el ejercicio profesional.

Revela que:

- hay tutores dispuestos a pagar por acompañamiento, no solo por actos médicos

- hay veterinarios que prefieren menos ingresos brutos y más control de su vida profesional

- hay una necesidad creciente de médicos veterinarios que piensen, integren y expliquen

 

En ese sentido, el concierge no es una rareza. Es un “síntoma temprano” de hacia dónde se mueve parte de la profesión.

 

El riesgo de emprender sin pensar

Como todo emprendimiento veterinario, este modelo también expone una debilidad estructural: la falta de formación en gestión, comunicación y diseño de servicios.

Muchos veterinarios tienen alta intención emprendedora, pero escasa preparación empresarial. Esto explica por qué abundan los proyectos que nacen con entusiasmo y mueren por desgaste, desorden o falta de criterio económico.

Emprender no es improvisar. Y en veterinaria, improvisar suele salir caro.

Emprender no es escapar, es elegir.

El crecimiento del veterinario emprendedor no es una moda ni una casualidad. Es la respuesta —a veces torpe, a veces lúcida— de una profesión que está redefiniendo sus reglas.

El desafío no es emprender más, sino “emprender mejor”.

Con conciencia, con límites, con formación y con una idea clara de qué tipo de profesional se quiere ser.

Porque, al final, el verdadero emprendimiento veterinario no consiste en abrir algo propio, sino en “diseñar una práctica que valga la pena sostener en el tiempo”.

 


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