Una nueva investigación del Royal Veterinary College (RVC) identificó que los cambios tempranos en una enzima sanguínea de medición habitual podrían ayudar a reconocer qué perros tienen mayor riesgo de desarrollar efectos adversos durante el tratamiento de la anemia hemolítica inmunomediada (AHIM). El descubrimiento abre una posibilidad para anticipar complicaciones y ajustar las estrategias terapéuticas, procurando preservar la calidad de vida de los pacientes.
La AHIM es una enfermedad grave en la que el sistema inmunitario destruye por error los propios glóbulos rojos del animal. Puede provocar debilidad intensa, encías pálidas o amarillentas y aumento de la frecuencia respiratoria. Se estima que presenta tasas de mortalidad de entre el 35 y el 70 %, y constituye la enfermedad inmunomediada más frecuente en perros. Aunque puede afectar a cualquier raza, se ha descrito una mayor predisposición en Cocker Spaniels, Springer Spaniels, Setters irlandeses y Terriers malteses.
El tratamiento procura controlar la respuesta inmunitaria y recuperar niveles adecuados de glóbulos rojos. Para ello se utilizan medicamentos como los glucocorticoides, que pueden generar efectos secundarios importantes, entre ellos un aumento de la sed y de la frecuencia de la micción, especialmente cuando se administran durante períodos prolongados.
Estas complicaciones pueden afectar considerablemente el bienestar de los animales e incluso influir en decisiones de eutanasia, aun cuando la enfermedad se encuentre controlada. Por eso, anticipar la respuesta individual de cada paciente resulta fundamental para equilibrar la eficacia terapéutica con la reducción de los efectos adversos.
El equipo de investigación, dirigido por la Dra. Barbara Glanemann, profesora asociada de Medicina Interna de Pequeños Animales del RVC, analizó información clínica de 29 perros diagnosticados con AHIM en el Hospital Veterinario Queen Mother del RVC.
Los investigadores estudiaron muestras de sangre recolectadas durante la atención clínica habitual, junto con mediciones clínicas y cambios en la actividad de genes relacionados con el sistema inmunitario y el tratamiento con esteroides. El seguimiento se concentró en las etapas iniciales de la terapia.
Los resultados, publicados en la revista científica PLOS ONE, mostraron que los aumentos tempranos de la actividad de la fosfatasa alcalina (ALP), una enzima utilizada habitualmente en los análisis sanguíneos, se asociaron con la aparición de sed excesiva entre dos y tres semanas después.
Además, el estudio documentó cambios importantes en numerosas mediciones clínicas y de laboratorio a medida que avanzaba el tratamiento. Según los investigadores, se trata de la primera descripción detallada de la evolución de estos parámetros durante la fase inicial del tratamiento de la AHIM.
La posibilidad de identificar tempranamente a los perros con mayor riesgo de desarrollar efectos secundarios podría ser especialmente relevante en aquellos que necesitan tratamientos prolongados con glucocorticoides. Anticipar estas complicaciones permitiría a los veterinarios evaluar con mayor precisión la evolución de cada paciente y considerar ajustes en su abordaje terapéutico.
No obstante, los investigadores señalan que se necesitan nuevos estudios para determinar cómo pueden utilizarse estos cambios en la práctica clínica y de qué manera podrían orientar las decisiones de tratamiento en cada animal.
La Dra. Barbara Glanemann destacó la importancia de estos resultados:
“Nuestros hallazgos sugieren que las pruebas de laboratorio comúnmente disponibles al inicio del tratamiento pueden ayudarnos a comprender mejor cómo responde cada paciente y cuál es su riesgo de desarrollar efectos adversos. Esto puede ayudarnos a individualizar nuestras estrategias de tratamiento”.