Una alianza internacional busca ampliar la escala de la conservación del yaguareté (Panthera onca) mediante la protección y restauración de los grandes corredores naturales de Sudamérica. La iniciativa, denominada Jaguar Rivers o Ríos del Yaguareté, reúne a Fundación Rewilding Argentina, Onçafari de Brasil, NATIVA de Bolivia y Fundación Moisés Bertoni de Paraguay, con el acompañamiento de Tompkins Conservation.
El proyecto tiene una perspectiva de 20 años y contempla una superficie de aproximadamente 2,5 millones de kilómetros cuadrados en la cuenca del río Paraná, compartida por los cuatro países. Su objetivo es reconectar ambientes fragmentados mediante ríos, bosques ribereños y otros espacios naturales que permitan a la fauna desplazarse entre territorios.
La propuesta parte de que las áreas protegidas aisladas no siempre son suficientes para garantizar la recuperación de las especies amenazadas. En el caso del yaguareté, la fragmentación de los ambientes y el aislamiento de las poblaciones reducen las posibilidades de dispersión y recuperación.
Para enfrentar ese problema, Jaguar Rivers plantea una estrategia basada en cuatro componentes: grandes áreas naturales que funcionen como reservorios de biodiversidad, zonas de amortiguación que favorezcan la convivencia entre las personas y la fauna, refugios intermedios y corredores fluviales con sus planicies de inundación.
La iniciativa también busca restaurar bosques, proteger los recursos hídricos e impulsar actividades económicas compatibles con la conservación, como el turismo de naturaleza y modelos de producción regenerativa.
La recuperación del yaguareté en los Esteros del Iberá, en Corrientes, constituye uno de los antecedentes centrales de esta propuesta. Según Fundación Rewilding Argentina, a mediados de 2026 al menos 50 yaguaretés vivían en libertad en el Gran Parque Iberá, con varias generaciones nacidas en estado silvestre.
El desafío de Jaguar Rivers es ampliar esa experiencia y promover la conectividad entre territorios que conservan poblaciones de la especie, en un contexto marcado por la pérdida y degradación de hábitats, los incendios y la caza.
La iniciativa propone así una mirada regional: proteger al yaguareté implica también conservar los ríos, los bosques y los humedales de los que depende una gran diversidad de especies y comunidades humanas. La meta es que los corredores naturales vuelvan a conectar paisajes y poblaciones más allá de las fronteras políticas.