La disminución de los casos puede generar una percepción engañosa: cuando una enfermedad deja de ocupar un lugar frecuente en las noticias, también puede parecer que el riesgo desapareció. Pero en el caso de la rabia, la ausencia o baja frecuencia de casos humanos no significa que el virus haya dejado de circular.
En Argentina, la vigilancia epidemiológica continúa registrando circulación viral en distintas especies y ciclos de transmisión. El último análisis nacional disponible identificó circulación sostenida entre 2019 y 2025, principalmente en murciélagos insectívoros, además de ciclos asociados a murciélagos hematófagos y casos de rabia paresiante en animales de producción. También se confirmó en 2025 un caso en un gato doméstico de la provincia de Buenos Aires, vinculado a una variante presente en fauna silvestre.
Por eso, la vacunación de perros y gatos continúa siendo una herramienta fundamental. La normativa y las recomendaciones sanitarias nacionales establecen la vacunación a partir de los tres meses de edad y la revacunación anual durante toda la vida del animal.
Pero vacunar no significa dejar de vigilar. La prevención de la rabia requiere también mantener la vigilancia epidemiológica, investigar los animales sospechosos, estudiar los murciélagos involucrados en posibles exposiciones y garantizar una respuesta adecuada ante accidentes potencialmente rábicos.
La experiencia regional demuestra, además, que los avances pueden sostenerse solamente con acciones continuas. En las Américas, la rabia humana transmitida por perros se redujo un 98 % desde 1983, pero la OPS señala que todavía persisten desafíos y promueve mantener campañas anuales de vacunación canina, con coberturas de al menos el 80 %, junto con vigilancia y acceso oportuno a la profilaxis posexposición.
Entonces, la pregunta inicial puede reformularse:
Si el virus todavía circula, ¿qué razones habría para dejar de vacunar?
Mientras existan animales susceptibles, circulación viral en fauna silvestre y posibilidades de contacto entre animales y personas, la prevención no puede depender de cuántos casos se hayan registrado el año anterior.
En rabia, que haya menos casos es precisamente el resultado que se busca. No es una señal para abandonar la prevención.