Ante la posibilidad de excesos hídricos asociados al fenómeno El Niño, especialistas del INTA Colonia Benítez, Chaco, elaboraron una serie de recomendaciones para el manejo de los rodeos frente a escenarios de anegamiento. Para los equipos veterinarios, la anticipación resulta clave: evaluar el estado sanitario de cada categoría, revisar los planes de vacunación y parasitosis y organizar con tiempo eventuales movimientos de hacienda puede reducir riesgos durante la emergencia.
El primer paso es conocer con precisión la situación de cada potrero. José Roselló, investigador del INTA y uno de los autores del informe técnico, señala que antes de decidir qué animales trasladar, suplementar o mantener en el establecimiento es necesario realizar un diagnóstico de las condiciones reales de cada lote.
Ese diagnóstico debe contemplar el tipo, grado y duración del exceso hídrico, el estado de las pasturas, el área afectada y el nivel de pisoteo y compactación del suelo. También es importante evaluar el potencial de recuperación de los recursos forrajeros, ya que el deterioro puede continuar incluso después de que el agua se retire.
El exceso de humedad, la concentración de animales y los movimientos hacia otros establecimientos pueden modificar las condiciones epidemiológicas del rodeo. Por eso, Victoria Rossner, investigadora del INTA Colonia Benítez, destaca la necesidad de incorporar la sanidad a la planificación previa.
“El componente sanitario requiere la misma anticipación”, señala Rossner.
Entre las medidas recomendadas se encuentra revisar el estado de la vacunación contra enfermedades clostridiales y leptospirosis, controlar la carga de garrapatas y monitorear las parasitosis internas. El seguimiento debe intensificarse especialmente en los animales más susceptibles y en aquellos que atraviesen situaciones de estrés asociadas al traslado, la concentración o la modificación de su alimentación.
Los terneros recién nacidos y aquellos que permanecen al pie de la madre requieren particular atención. En estas categorías, el monitoreo del estado general y la detección temprana de signos compatibles con enfermedad adquieren especial importancia en escenarios de humedad persistente.
La condición corporal constituye otro indicador relevante para definir prioridades. En el rodeo de cría, el INTA recomienda priorizar la recría de hembras de reposición y los vientres, especialmente las vacas preñadas y aquellas con baja condición corporal o poco diente.
La disponibilidad de alimento puede disminuir rápidamente en campos anegados o con suelos saturados. En ese contexto, el destete puede convertirse en una herramienta de manejo: permite reducir los requerimientos nutricionales de las vacas y concentrar la alimentación de los terneros en superficies más reducidas.
Roselló destaca que la separación de los terneros puede contribuir, además, a acelerar la reanudación de la actividad ovárica de las vacas, aunque implica contar con recursos para su alimentación.
El deterioro de las pasturas y del suelo también tiene consecuencias sobre la sanidad y el bienestar de los animales. En lotes con piso saturado, el ingreso permanente de hacienda puede incrementar el pisoteo, la compactación y el deterioro de las plantas.
Marcelo Pamies, especialista en pasturas del INTA, propone como alternativa el “pastoreo por horas” en superficies transitables y con disponibilidad de forraje. El manejo permite limitar la permanencia de los animales a períodos de hasta cuatro horas diarias y controlar el acceso mediante alambrado eléctrico.
El objetivo es reducir la presión sobre el suelo y favorecer la recuperación de las pasturas. Desde el INTA también advierten que el retorno del pastoreo no debería producirse inmediatamente después del retiro del agua: el rebrote necesita tiempo para recuperarse.
La planificación de la alimentación también forma parte de la prevención. Ante una menor disponibilidad de forraje, el informe recomienda priorizar alimentos con mayor concentración de proteína y energía y organizar su distribución con anticipación.
Los comederos deberían disponer de entre 30 y 50 centímetros por animal y se recomienda trabajar con lotes homogéneos de hasta 200 cabezas. A su vez, cualquier cambio de ración debe realizarse gradualmente, durante aproximadamente cinco días, para disminuir el riesgo de trastornos digestivos.
Para los veterinarios responsables del seguimiento de los establecimientos, la adaptación de la dieta debe evaluarse junto con la condición corporal, la categoría, el estado fisiológico y la disponibilidad efectiva de recursos.
Cuando existe riesgo de aislamiento o pérdida de transitabilidad, el traslado de la hacienda debe planificarse antes de que las condiciones impidan realizarlo.
El INTA recomienda mantener actualizado el stock y las vacunaciones en la oficina local del Senasa, verificar la identificación de los animales y definir con anticipación los potreros o establecimientos de destino.
También es necesario garantizar disponibilidad alimento, estimar las reservas y determinar qué categorías requieren ser movilizadas. La recomendación adquiere especial importancia en establecimientos ubicados en islas y zonas ribereñas bajas.
“Conviene hacerlo mientras los caminos lo permiten”, advierte el informe.
Ante un escenario de excesos hídricos, la intervención veterinaria no se limita a responder frente a la aparición de enfermedades. La evaluación anticipada del riesgo permite ordenar prioridades, revisar protocolos sanitarios y establecer qué animales requieren mayor seguimiento.
Diagnosticar el estado de cada lote, verificar vacunaciones, monitorear parasitosis y ectoparásitos, controlar la condición corporal, proteger a las categorías más vulnerables y planificar los movimientos son algunas de las medidas que pueden reducir el impacto de una emergencia hídrica.
Para el INTA, la clave está en tomar decisiones antes de que el agua limite las alternativas. En ese escenario, el rol veterinario resulta central para integrar las decisiones productivas con la prevención sanitaria, el bienestar animal y la continuidad del sistema ganadero.