Un estudio reciente publicado en la revista Nature Communications, liderado por investigadores de la Universidad de Yamanashi junto a otras instituciones japonesas, aporta evidencia contundente sobre los límites biológicos de la clonación en mamíferos. A través de un experimento sin precedentes, los científicos lograron generar 57 generaciones consecutivas de ratones clonados, arrojando luz sobre los efectos acumulativos de este tipo de reproducción.
El diseño experimental consistió en un proceso de clonación en serie: a partir de un individuo clonado, se obtenían células para generar el siguiente, repitiendo el ciclo generación tras generación. Durante las primeras etapas, los resultados fueron alentadores. Los ratones mostraban parámetros de salud, longevidad y desempeño físico comparables a los nacidos por reproducción sexual.
Sin embargo, este equilibrio comenzó a deteriorarse con el paso del tiempo. El punto de inflexión se registró en la generación 27, donde los investigadores observaron una caída significativa en la tasa de nacimientos exitosos. A partir de allí, los problemas se intensificaron progresivamente.
Uno de los hallazgos centrales del estudio fue la acumulación de mutaciones genéticas letales. Si bien las células cuentan con mecanismos naturales de reparación del ADN, el proceso reiterado de transferencia nuclear parece interferir con estos sistemas, impidiendo una corrección completa de los errores. Como resultado, se produce una degradación genética acumulativa que afecta la viabilidad de los individuos.
A este fenómeno se suman anomalías detectadas en la placenta en todas las generaciones analizadas. Estas alteraciones estructurales comprometen el adecuado suministro de nutrientes y oxígeno al feto, un factor crítico que explica, en parte, la disminución del éxito reproductivo en las etapas más avanzadas del experimento.
Desde una perspectiva científica, el trabajo concluye que la reproducción sexual cumple un rol fundamental como mecanismo de “depuración” genética. A diferencia de la clonación -que replica de manera directa el material genético-, la reproducción sexual permite recombinaciones y procesos de selección que eliminan o atenúan mutaciones perjudiciales.
En definitiva, el estudio desarma la idea de una posible “inmortalidad genética” a través de la clonación y reafirma que la evolución ha favorecido la reproducción sexual como un mecanismo clave para preservar la salud y la diversidad genética de las especies.