Cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis, una fecha que busca visibilizar una problemática que, lejos de estar resuelta, continúa representando un desafío global. Si bien suele asociarse principalmente a la salud humana, su dimensión veterinaria -particularmente en sistemas productivos- es estratégica para el control integral de la enfermedad.
En Argentina, la tuberculosis bovina, causada por Mycobacterium bovis, mantiene su relevancia tanto por sus implicancias económicas como por su potencial zoonótico. La interacción entre animales, humanos y ambiente ubica a esta enfermedad dentro del enfoque de Una Salud, donde el veterinario ocupa un rol central en vigilancia, diagnóstico y prevención.
La presencia de tuberculosis en rodeos bovinos afecta directamente la eficiencia productiva, generando pérdidas por decomisos en frigoríficos, restricciones comerciales y costos asociados a programas de control. A esto se suma el riesgo de transmisión a humanos, principalmente a través del consumo de productos lácteos no pasteurizados o el contacto directo con animales infectados.
Según lineamientos de organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial de Sanidad Animal, el control de la tuberculosis requiere estrategias integradas que incluyan vigilancia epidemiológica sostenida, trazabilidad y educación sanitaria.
En este contexto, el veterinario no solo interviene en la detección mediante pruebas diagnósticas como la tuberculinización, sino también en la implementación de planes sanitarios, asesoramiento a productores y articulación con autoridades sanitarias.
Además, su participación es clave en la inspección veterinaria en plantas frigoríficas, donde la identificación de lesiones compatibles permite activar mecanismos de control y evitar la entrada de productos contaminados a la cadena alimentaria.
A pesar de los avances en programas de erradicación, persisten dificultades como la heterogeneidad en la aplicación de controles, limitaciones en la reposición de animales libres de la enfermedad y la necesidad de mayor concientización en ciertos sectores productivos.
El fortalecimiento de políticas públicas, junto con la actualización permanente de los profesionales veterinarios, aparece como un eje fundamental para avanzar hacia la reducción de la enfermedad.
El Día Mundial de la Tuberculosis invita a repensar estrategias y reforzar el compromiso desde todos los sectores involucrados. Para la comunidad veterinaria, representa una oportunidad para visibilizar su rol en la protección de la salud animal, humana y ambiental.
En un escenario donde las zoonosis cobran cada vez mayor relevancia, la tuberculosis sigue siendo un recordatorio de que la sanidad animal es, también, un pilar de la salud pública.