Desde 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el envenenamiento por mordedura de serpiente como una enfermedad tropical desatendida. En Argentina, los casos en humanos son de notificación obligatoria y, entre 2019 y 2025, se reportaron más de 5.000 en la región NEA. Sin embargo, en medicina veterinaria no existe un registro oficial, lo que motivó a la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste (FCV UNNE) a iniciar un proyecto de relevamiento estadístico.
El estudio, liderado por la Dra. Pamela Teibler y la M.V. MSc. María Lucía Bustos, con la colaboración de Karen González, Matías Martínez y la Dra. Silvana Maruñak, se desarrolla en el marco del Centro Interactivo de Serpientes Venenosas de Argentina (CISVA). Su objetivo es generar datos confiables sobre los accidentes ofídicos en animales domésticos, principalmente perros y caballos, en las provincias de Corrientes, Chaco y Misiones.

Los primeros resultados, correspondientes a los años 2024 y 2025, indican que la Yarará fue la especie responsable de la mayoría de los accidentes, mientras que otras serpientes involucradas fueron la Cascabel y la Coral. Los perros fueron los más afectados, seguidos por caballos. En la mayoría de los casos, el tratamiento incluyó la administración de suero antiofídico, principalmente el Polivalente BIOL®, lo que resultó en una alta tasa de supervivencia cuando se aplicó de manera rápida y oportuna.
“Es un primer avance para generar información científica sobre una problemática frecuente, pero sobre la que no se contaba con datos rigurosos que permitan dimensionar su incidencia y características”, explicó la Mgter. Bustos.
El proyecto utiliza cuestionarios en línea completados por profesionales veterinarios, que incluyen datos sobre la frecuencia de accidentes, especie de serpiente involucrada, especie animal afectada, uso de suero y resultados clínicos. La idea es continuar el relevamiento y conformar una base de datos abierta que sirva de consulta para investigadores, veterinarios y políticas de prevención.
Contar con información detallada permitirá identificar zonas de riesgo, especies más afectadas, y el acceso a tratamientos, además de sentar las bases para estudios epidemiológicos y estrategias de prevención que disminuyan la incidencia y las consecuencias del ofidismo en animales domésticos.