Un estudio reciente realizado por investigadores del Royal Veterinary College (RVC) y publicado en la revista PLOS ONE aporta evidencia concreta sobre un fenómeno cotidiano en la práctica veterinaria: la toma de decisiones de los propietarios frente a problemas de salud de sus animales.
La investigación analizó la capacidad de los tutores para reconocer enfermedades frecuentes y evaluar la urgencia de la consulta veterinaria. Para ello, los científicos encuestaron a más de 1.700 propietarios de perros utilizando “vignettes”, es decir, escenarios clínicos hipotéticos que describían signos compatibles con 30 condiciones comunes en la clínica de pequeños animales.
Los resultados muestran una brecha relevante entre la percepción del tutor y el criterio profesional, un factor que puede impactar directamente en el pronóstico del paciente.
El estudio encontró que los tutores suelen identificar con mayor precisión aquellas enfermedades que presentan signos visibles o fácilmente reconocibles. Entre los cuadros detectados con mayor exactitud aparecen:
- tos de las perreras
- infestaciones por pulgas
- osteoartritis
En cambio, las patologías internas o con síntomas inespecíficos generaron más confusión. Entre las condiciones que los tutores tuvieron mayores dificultades para reconocer se destacan:
- mastocitoma
- glaucoma
- presencia de cuerpos extraños gastrointestinales
Para el clínico veterinario, esta brecha diagnóstica tiene consecuencias claras: en muchos casos, el animal llega a la consulta cuando el proceso ya está avanzado, lo que reduce las opciones terapéuticas y puede comprometer el bienestar del paciente.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que en el 28,4% de los escenarios evaluados los tutores consideraron que la situación requería atención veterinaria con menos urgencia de la que recomendaría un profesional.
Esta subestimación no responde únicamente a la falta de conocimientos. Según los investigadores, también está influenciada por las fuentes de información que utilizan los tutores. El trabajo señala que:
- Los tutores que consultan habitualmente a su veterinario de confianza tienen menos probabilidades de minimizar la gravedad de un cuadro.
- La consulta en grupos de redes sociales sobre problemas de salud aumenta el riesgo de retrasar la visita a la clínica.
El rol de Internet aparece como un factor complejo. De acuerdo con el estudio, las búsquedas en Google (ahora también las consultas a la IA) antes de acudir al veterinario mejoraron en algunos casos la precisión con la que los tutores identificaron una enfermedad.
Sin embargo, los autores advierten que el acceso a información sin validación profesional -especialmente en foros o redes sociales- también puede generar interpretaciones erróneas y demoras en la consulta.
Frente a este escenario, los investigadores sugieren que la profesión veterinaria debe adaptarse a la nueva dinámica informativa de los clientes. Entre las herramientas propuestas se destacan:
- sistemas de triage veterinario
- servicios de teleorientación o telemedicina para una primera evaluación
- el uso de “recetas de información”, es decir, materiales educativos o enlaces validados por el profesional
Más allá de los datos del Reino Unido, las conclusiones del trabajo reflejan una realidad familiar para muchos consultorios veterinarios en Argentina.
La investigación refuerza la idea de que el desafío actual de la práctica clínica no es solo médico, sino también comunicacional. Cuando las enfermedades no presentan signos externos evidentes, los tutores tienden a subestimar la gravedad del cuadro.
Por eso, fortalecer la educación preventiva -especialmente sobre patologías “silenciosas”- se vuelve una herramienta clave para mejorar el bienestar animal y garantizar que la consulta veterinaria llegue a tiempo.