sábado 7 de marzo de 2026 - Edición Nº2564

Profesión | 7 de marzo

Desafíos en la clínica veterinaria

Ansiedad por separación: el impacto de las nuevas rutinas

La vuelta a la presencialidad laboral y una mayor movilidad de los tutores han modificado la vida cotidiana de muchos perros y gatos. En numerosos hogares los animales pasan ahora varias horas solos, una situación que favorece la aparición de cuadros de ansiedad por separación, cada vez más frecuentes en la clínica de pequeños animales.


La pandemia modificó de manera profunda el vínculo entre las personas y sus animales de compañía. El teletrabajo, las restricciones de circulación y el aislamiento social generaron un contexto inédito: perros y gatos que compartían prácticamente las 24 horas con sus tutores.

Ese escenario fortaleció el lazo afectivo, pero también consolidó un modelo de convivencia basado en la presencia constante y, en muchos casos, en la humanización extrema. Hoy, con el regreso a la presencialidad laboral y la reactivación de actividades sociales y viajes, el péndulo se movió hacia el extremo opuesto: hogares vacíos con animales solos durante buena parte del día.

En la consulta veterinaria, el impacto es evidente.

 

Un trastorno que va más allá del “mal comportamiento”

La ansiedad por separación es un cuadro reconocido dentro de la medicina del comportamiento. No se trata de simple desobediencia ni de “caprichos”, sino de un estado de angustia real frente a la ausencia del referente humano.

En perros, puede manifestarse con vocalizaciones persistentes, destrucción de objetos, intentos de fuga, hipersalivación o eliminación inadecuada. En gatos, aunque la expresión suele ser más sutil, también se observan alteraciones: micción fuera del arenero, conductas compulsivas, retraimiento o cambios abruptos en la interacción.

La WSAVA (World Small Animal Veterinary Association), en sus guías de bienestar, señalan que el entorno social es una necesidad biológica. La ausencia del referente humano rompe el "vínculo de seguridad", especialmente en animales con hiperapego.

 

Humanización y dependencia emocional

Especialistas en etología coinciden en que la hiper-vinculación pospandemia limitó, en muchos casos, el desarrollo de autonomía en los animales. Al ser tratados como “hijos” o “bebés” que requieren atención constante, no se fomentaron rutinas graduales de separación ni espacios de independencia.

El resultado es una dependencia emocional intensa. Cuando el tutor se ausenta durante jornadas laborales completas, el animal experimenta una ruptura abrupta de su entorno de seguridad.

Este fenómeno no solo afecta el bienestar animal: también impacta en la dinámica familiar y comunitaria. Ladridos constantes en edificios, daños materiales en el hogar y quejas vecinales generan tensiones que pueden deteriorar el vínculo humano-animal.

 

De problema clínico a riesgo en la tenencia

Uno de los aspectos que más preocupa al sector veterinario es la relación entre trastornos de conducta y pérdida de hogares. Cuando la convivencia se vuelve conflictiva y no hay acompañamiento profesional, aumenta el riesgo de reubicaciones o abandonos.

En este contexto, la ansiedad por separación deja de ser un problema individual para convertirse en un desafío sanitario y social.

Algunos países ya incorporan la dimensión emocional en sus normativas de bienestar. En Suecia, por ejemplo, la legislación limita el tiempo que un perro puede permanecer solo y exige condiciones de enriquecimiento ambiental y contacto social diario, reconociendo que la salud mental forma parte del bienestar integral.

En Argentina, si bien no existen límites horarios específicos, el concepto de bienestar animal avanza hacia una mirada más amplia que incluye aspectos conductuales y emocionales.

 

El rol estratégico del veterinario

Frente a este nuevo escenario, el rol del profesional veterinario resulta central. La prevención implica educar a los tutores desde el momento de la adopción, fomentar rutinas que promuevan autonomía, implementar enriquecimiento ambiental y, cuando sea necesario, indicar terapias comportamentales o tratamientos farmacológicos.

La clave está en anticipar los cambios de rutina y trabajar en adaptaciones progresivas, evitando transiciones bruscas que generen angustia.

Los cambios en la tenencia de animales de compañía son una realidad. El desafío es que la transformación del vínculo no derive en sufrimiento. Porque amar a un perro o a un gato no significa humanizarlo sin límites, sino comprender su naturaleza y brindarle herramientas para enfrentar la soledad sin que eso ponga en riesgo su salud ni su permanencia en el hogar.

 

 


 

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