La resistencia a los antimicrobianos (RAM) ya no puede analizarse únicamente en el contexto hospitalario humano. La circulación silenciosa de bacterias resistentes en animales de compañía —incluso sin signos clínicos— obliga a revisar protocolos, criterios de prescripción y estrategias de bioseguridad en el ámbito veterinario.
El trabajo, publicado en la revista Animals, evaluó 263 perros sanos que no habían recibido antibióticos en las cuatro semanas previas. Los investigadores analizaron la resistencia de E. coli frente a amoxicilina-ácido clavulánico, ceftazidima y enrofloxacina, moléculas consideradas de importancia crítica para la salud pública.
Las tasas de resistencia alcanzaron el 13,3% para amoxicilina-ácido clavulánico, 5,98% para ceftazidima y 18,3% para enrofloxacina. En términos epidemiológicos, casi uno de cada cinco perros portaba cepas resistentes a al menos uno de estos antimicrobianos.
Uno de los hallazgos más relevantes fue el impacto del origen del animal. Los perros adquiridos en tiendas de animales o criaderos presentaron 6,04 veces más probabilidades de resistencia a ceftazidima que los adoptados. Este dato vuelve a poner en discusión el uso preventivo de antimicrobianos en cachorros destinados a la venta y la necesidad de regulaciones más estrictas.
La hospitalización previa también se asoció significativamente con mayor riesgo: los perros internados tuvieron 4,24 veces más probabilidades de resistencia a enrofloxacina. Para la práctica clínica, el dato refuerza la importancia de:
- Protocolos de higiene y desinfección estrictos.
- Programas internos de uso prudente de antimicrobianos.
- Revisión periódica de esquemas empíricos de tratamiento.
La RAM, en este contexto, deja de ser un fenómeno abstracto para convertirse en un indicador de calidad sanitaria dentro de la clínica.
El estudio también identificó variables asociadas a menor riesgo. La convivencia con profesionales de la salud redujo significativamente la probabilidad de resistencia, lo que sugiere que la educación sanitaria y el uso racional de antibióticos en el hogar influyen en la epidemiología microbiana.
De forma interesante, el contacto ocasional con animales en libertad mostró un efecto protector, posiblemente vinculado a mayor diversidad microbiana. Aunque el mecanismo aún requiere investigación, el dato abre nuevas líneas de análisis sobre microbiota y resistencia.
Los autores advierten que los animales de compañía continúan subrepresentados en los sistemas de vigilancia de RAM, pese a su estrecha interacción con las personas.
Desde la perspectiva de Una Salud, la circulación bidireccional de bacterias entre humanos y animales de compañía exige políticas integradas.
El Ministerio de Salud de Chile ya manifestó interés en los resultados, con miras a fortalecer estrategias regulatorias sobre uso responsable de antimicrobianos en animales de compañía.
Para el ámbito veterinario, es importante señalar que la RAM también se construye —o se previene— en la consulta diaria. Diagnóstico adecuado, cultivos cuando corresponda, revisión de protocolos y educación al tutor forman parte del mismo desafío sanitario.
La evidencia confirma que incluso los perros sanos pueden actuar como reservorios de bacterias resistentes. La respuesta, por lo tanto, no es el alarmismo, sino la gestión responsable y basada en evidencia del arsenal terapéutico disponible.