Cada tercer domingo de febrero se conmemora el Día Mundial de las Ballenas, una fecha de especial relevancia para Argentina, país que alberga una de las poblaciones más emblemáticas de ballena franca austral (Eubalaena australis).
Para el profesional veterinario, esta efeméride es una invitación a profundizar la formación en medicina de fauna silvestre, fortalecer la vigilancia sanitaria marina y aportar evidencia científica a la gestión de la biodiversidad.
La práctica veterinaria en cetáceos ha evolucionado desde la atención puntual de varamientos hacia un enfoque integral basado en el paradigma de Una Salud, que vincula la salud animal, humana y ambiental. Actualmente, el diagnóstico no invasivo constituye una herramienta central: el análisis de muestras de soplido permite evaluar el microbioma respiratorio y detectar patógenos emergentes, mientras que el uso de drones y técnicas de fotogrametría facilita la estimación de condición corporal, estados reproductivos y niveles de estrés sin interferir con los animales.
“Las ballenas son centinelas del océano. Las patologías que presentan suelen anticipar desequilibrios ecológicos o procesos de contaminación química que afectan a todo el ecosistema costero”, señalan especialistas en sanidad marina.
En este 2026, el escenario plantea desafíos complejos que demandan equipos interdisciplinarios en los que el veterinario ocupa un rol clave. Por ejemplo en:
- Las alteraciones en la productividad primaria y en la disponibilidad de krill impactan en la condición corporal y la tasa reproductiva de las ballenas.
- El enmallamiento en artes de pesca y las colisiones con embarcaciones continúan siendo causas relevantes de lesiones graves y mortalidad.
- El monitoreo de mortandades inusuales, como las asociadas a floraciones algales nocivas (marea roja), exige protocolos de necropsia rigurosos, realizados en condiciones de campo extremas y con enfoque bioseguro.
La protección de las ballenas depende, en gran medida, de nuestra capacidad para comprenderlas desde la ciencia aplicada, anticipar amenazas y diseñar estrategias de conservación basadas en evidencia. En este camino, la medicina veterinaria se consolida como un pilar indispensable para garantizar la salud de los océanos y de las especies que los habitan.