
Dr. Rubén Hugo Somoza
Médico Veterinario y Coach Ontológico Profesional - Director de OnlineVets
Durante años, la formación veterinaria se centró casi exclusivamente en el desarrollo de competencias clínicas: diagnosticar mejor, tratar mejor, salvar más vidas. Sin embargo, la realidad diaria de nuestra profesión demuestra algo que muchos colegas viven en silencio: ser un buen médico veterinario no garantiza tener una clínica ordenada, sustentable ni rentable.
Esta columna nace justamente de esa brecha. Será un espacio para reflexionar y trabajar la gestión de clínicas veterinarias desde una mirada integral, combinando hard skills —finanzas, indicadores, productividad, planificación— con soft skills —liderazgo, comunicación, gestión de equipos y toma de decisiones—, siempre con un objetivo claro: ejercer mejor la profesión sin resignar calidad, valores ni calidad de vida.
Para comenzar, es necesario volver al origen. Antes de hablar de números, procesos o tableros de control, debemos hablar de decisiones.
A lo largo de más de cuarenta años de profesión confirmé algo fundamental: nadie construye una carrera en soledad. Somos el resultado de las decisiones que tomamos y, sobre todo, de las personas que nos acompañaron en ese camino.
Tuve la fortuna de contar con mentores y referentes en distintas etapas de mi vida profesional. En mis años de estudiante, el Dr. José Mariano Bernades; en los primeros años de ejercicio profesional ligados a la producción animal, el Dr. Horacio Erceg; luego, al orientar mi actividad hacia la clínica de pequeños animales y especializarme en reproducción y neonatología, colegas que fueron fuente de inspiración como Paulo Borges, Alain Fontbonne, Xavier Levi y Emmanuel Fontaine.
Cuando decidí salir al mundo para formarme y capacitarme, encontré personas que confiaron en mí y me apoyaron, como Luis Marañón y Daniel Piñeiro. Y cuando llegó el momento de transmitir lo aprendido, el Dr. Daniel Desimone fue quien me alentó a ingresar en el camino —sin retorno— de la docencia.
En uno de esos viajes de formación profesional a Europa conocí a Miguel Ángel Díaz Sánchez. A partir de ese encuentro, mi carrera cambió de manera profunda. Estudié, me formé y me recibí como coach ontológico profesional. Gracias a sus consejos y al privilegio de su generosa amistad, pude desarrollar un modelo de clínica veterinaria con atención 24 horas y un centro de reproducción y neonatología que se potenciaban y retroalimentaban entre sí.
Sin abandonar nunca mi identidad como médico veterinario clínico, tuve que aprender a gestionar una empresa veterinaria. En pocos años pasé de un consultorio con una secretaria a gestionar estructuras complejas con más de 40 colaboradores, la mayoría de ellos médicos veterinarios.
Ese recorrido me dejó una enseñanza que hoy considero mi mayor capital profesional: contar con una red de colegas de absoluta confianza, con quienes puedo intercambiar miradas, discutir casos difíciles y apoyarme en la toma de decisiones médicas complejas.
Estos artículos son, en gran medida, un homenaje a muchos de ellos.
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