Durante décadas, la peritonitis infecciosa felina (PIF) fue una de las patologías más frustrantes para la clínica de pequeños animales: un diagnóstico prácticamente irreversible, asociado a alta mortalidad y sin tratamientos efectivos disponibles. Hoy, esa realidad está cambiando de manera contundente. Un ensayo clínico publicado en el Journal of Feline Medicine and Surgery por investigadores de la Universidad Estatal de Colorado (EE.UU.) confirmó que el antiviral oral molnupiravir puede revertir el curso de esta enfermedad en la mayoría de los pacientes tratados.
“El paso de una enfermedad casi 100% fatal a contar con múltiples opciones terapéuticas capaces de salvar a la mayoría de los gatos es uno de los avances más importantes de las últimas décadas en medicina felina”, afirmó la Dra. Petra Cerna, especialista en medicina felina y líder del estudio.
El mayor ensayo clínico hasta la fecha
El trabajo incluyó a 73 gatos con PIF de presentación natural —formas efusivas, no efusivas, oculares y neurológicas— tratados durante 84 días con molnupiravir oral y seguidos durante seis meses. Al finalizar el protocolo, el 77% de los pacientes había sobrevivido. De ese grupo, un 12% presentó recaídas, pero todos respondieron favorablemente a una segunda ronda de tratamiento. Ningún gato debió suspender la medicación por efectos adversos graves.
Se trata del mayor estudio prospectivo realizado hasta ahora con este fármaco, y confirma resultados preliminares que ya posicionaban al molnupiravir como una alternativa sólida al antiviral GS-441524, que había mostrado eficacias cercanas al 80% y que desde 2024 puede prescribirse en Estados Unidos como preparado magistral.
Dosis, administración y ventajas clínicas
Los pacientes recibieron dosis de molnupiravir entre 10 y 21 mg/kg cada 12 horas, con ajustes al alza en casos neurológicos y oculares, siguiendo el mismo criterio farmacocinético que se utiliza con otros antivirales capaces de atravesar la barrera hematoencefálica. El tratamiento se administró en cápsulas de polvo puro, que los tutores pudieron dar junto con pequeñas cantidades de alimento, lo que mejoró notablemente el cumplimiento terapéutico.
Para el Dr. Gregg Dean, decano asociado de investigación de la Universidad Estatal de Colorado, “disponer de tratamientos orales efectivos cambia radicalmente la experiencia clínica, tanto para los pacientes como para sus cuidadores, y amplía las posibilidades reales de acceso a terapias salvadoras”.
El rol de la inmunoterapia y nuevas líneas de investigación
Uno de los aspectos innovadores del estudio fue la evaluación, en gatos con PIF efusiva, de la combinación de molnupiravir con un inmunomodulador de células T (LTC). Si bien el antiviral por sí solo logró altas tasas de remisión clínica, la estrategia combinada abre una vía de investigación para optimizar la respuesta del huésped, especialmente en pacientes severamente debilitados.
Además, los investigadores continúan evaluando nuevas moléculas —como Paxlovid—, esquemas combinados y la posibilidad de acortar la duración del tratamiento sin perder eficacia, lo que podría impactar positivamente en costos, adherencia y calidad de vida.
Implicancias para la práctica veterinaria argentina
En el contexto local, donde el acceso a determinados fármacos importados puede ser irregular o costoso, el molnupiravir se perfila como una herramienta de alto valor. Al tratarse de un antiviral desarrollado inicialmente para COVID-19 en humanos, su formato oral y su mayor disponibilidad lo convierten en una opción más manejable que los protocolos inyectables diarios.
No obstante, los autores subrayan la importancia de una supervisión veterinaria estricta:
- Monitoreo hematológico y hepático, por posibles neutropenias o alteraciones en enzimas.
- Ajuste preciso de dosis, especialmente en cuadros neurológicos u oculares.
- Seguimiento post-tratamiento, durante al menos 12 semanas, para confirmar remisión sostenida.
Un cambio de paradigma
La historia reciente de la PIF marca uno de los mayores giros en la medicina veterinaria contemporánea: de una enfermedad sin tratamiento a un escenario con terapias antivirales efectivas, protocolos validados y pronósticos favorables. Para el clínico, esto implica pasar de la resignación a la acción basada en evidencia.
Como resumió Cerna: “Hoy podemos ofrecer a estos gatos no solo esperanza, sino una oportunidad real de vida”.
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