En muchas de las situaciones cotidianas se repite un patrón llamativo: el sufrimiento de un animal genera reacciones emocionales más intensas que el de muchas personas. Lejos de tratarse de una simple sensibilidad exagerada, esta respuesta tiene según la ciencia fundamentos neurobiológicos, evolutivos y sociales que ayudan a comprender por qué los animales -especialmente los de compañía- ocupan hoy un lugar tan central en nuestro mundo afectivo.
La vulnerabilidad como detonante emocional
Investigaciones realizadas por la Universidad del Nordeste (Boston), lideradas por los sociólogos Jack Levin y Arnold Arluke, mostraron a distintos grupos de personas noticias ficticias sobre ataques a adultos, bebés, perros y cachorros.
El estudio concluyó que la empatía humana está más ligada a la percepción de vulnerabilidad que a la especie.
El “efecto neotenia”: por qué los vemos como bebés
Desde la biología evolutiva, este fenómeno se conoce como Kindchenschema (esquema infantil). Rasgos como ojos grandes, cabeza redondeada y extremidades cortas activan en nuestro cerebro circuitos de cuidado y protección.
Muchos animales domésticos conservan estas características físicas, lo que dispara la liberación de oxitocina -la hormona del apego-, la misma que interviene en el vínculo entre padres e hijos. Así, un cachorro o un gato generan una respuesta emocional inmediata y difícil de ignorar.
Menos juicio, más compasión
Las relaciones humanas están atravesadas por el juicio moral. Frente al sufrimiento de una persona, solemos preguntarnos -aunque sea de forma inconsciente- qué hizo para estar en esa situación o si podría haberla evitado.
Con los animales, ese filtro desaparece:
- Amor incondicional: no esperamos segundas intenciones ni traiciones.
- Pureza emocional: atribuimos a los animales una honestidad afectiva que rara vez percibimos en nuestra propia especie.
Esta simplicidad emocional vuelve el vínculo más directo, menos conflictivo y más reparador.
Antropomorfismo y vínculo emocional
La empatía hacia los animales suele construirse a partir de una proyección afectiva: no solo los percibimos como seres vulnerables, sino también como portadores de cualidades humanas como la lealtad, la ternura o la honestidad emocional. Esta lectura simbólica fortalece el lazo interespecie y amplía nuestro sentido de responsabilidad moral hacia ellos.
Lejos de ser un rasgo preocupante, los especialistas coinciden en que esta preferencia afectiva responde, en gran medida, al contexto social actual. En escenarios atravesados por la incertidumbre, la polarización y el desgaste vincular, los animales representan relaciones simples, estables y emocionalmente seguras.
Para el campo veterinario, comprender estas dinámicas resulta estratégico: permite mejorar la comunicación con los tutores, promover prácticas de bienestar más efectivas y consolidar un enfoque integral de la salud animal.