En las primeras semanas de 2026, clínicas veterinarias y refugios de animales en diversos países de América Latina reportaron un incremento sostenido de casos de panleucopenia felina, también conocida como parvovirus felino o enteritis infecciosa felina.
Se trata de una enfermedad viral grave que afecta principalmente a gatos jóvenes y no vacunados. Si bien no es una patología nueva en medicina veterinaria, su reciente comportamiento epidemiológico encendió señales de alerta entre profesionales y tutores de felinos domésticos.
Veterinarios de países de América Latina como El Salvador y México observaron un aumento inusual de casos desde fines de 2025 y durante enero de 2026, superando ampliamente los promedios habituales. En algunas clínicas, las consultas por panleucopenia felina pasaron de uno o dos casos mensuales a varias decenas en pocas semanas.
Los reportes coinciden en que muchos de los gatos afectados no contaban con esquemas completos de vacunación. A esto se suma la alta resistencia del virus en el ambiente y su facilidad de transmisión -puede adherirse a ropa, calzado y objetos contaminados-, factores que favorecen la aparición de brotes.
El parvovirus felino ataca células de rápida división, especialmente las de la médula ósea y el epitelio intestinal, lo que provoca una marcada disminución de glóbulos blancos y lesiones severas en el tracto gastrointestinal. Es altamente contagioso entre felinos y puede permanecer viable en el ambiente durante meses si no se aplican medidas de desinfección adecuadas.
Los síntomas suelen aparecer entre dos y siete días después de la exposición y varían según la edad, el estado inmunitario y la carga viral. Los signos más frecuentes incluyen:
- Fiebre, letargo y anorexia
- Vómitos persistentes
- Diarrea severa, a menudo hemorrágica
- Deshidratación marcada
- Leucopenia (descenso crítico de glóbulos blancos)
- Anemia y debilidad progresiva
En gatitos, especialmente menores de seis meses, la enfermedad puede evolucionar de manera fulminante, con riesgo de muerte en pocas horas si no se instaura tratamiento inmediato.
El diagnóstico se basa en la evaluación clínica, el hemograma -donde destaca la leucopenia- y pruebas rápidas de detección de antígeno fecal o técnicas moleculares como PCR.
No existe tratamiento antiviral específico, por lo que el abordaje es de sostén e incluye:
- Fluidoterapia intensiva
- Control de vómitos y diarrea
- Antibióticos para prevenir infecciones bacterianas secundarias
- Soporte nutricional y monitoreo continuo
En la mayoría de los casos se requiere internación, especialmente en animales jóvenes o con signos severos.
La prevención sigue siendo la principal estrategia para controlar la panleucopenia felina:
- Vacunación completa y oportuna: la vacuna triple felina (panleucopenia, rinotraqueítis y calicivirus) es clave para reducir el riesgo de enfermedad grave.
- Cumplimiento de esquemas sanitarios: respetar calendarios de primovacunación y refuerzos según edad y nivel de exposición.
- Control del entorno: evitar el contacto de gatos no vacunados con animales de procedencia desconocida.
- Higiene y desinfección: el virus puede persistir en superficies, ropa y calzado; por eso, la limpieza adecuada es fundamental para cortar la cadena de transmisión.
Si bien la panleucopenia felina no es una enfermedad nueva, su reciente aumento en algunos países de América Latina representa un llamado de atención para la comunidad veterinaria y los tutores de gatos.
La combinación de alta contagiosidad, resistencia ambiental del virus y brechas en la cobertura vacunal favorece estos brotes.
Fortalecer los programas de inmunización, mejorar las prácticas de bioseguridad y profundizar la educación sanitaria de los responsables de animales son medidas urgentes para proteger la salud felina en la región.