Una nueva investigación del Royal Veterinary College (RVC), del Reino Unido, demostró que los tutores de perros suelen identificar correctamente problemas de salud comunes, pero con frecuencia subestiman la urgencia de buscar atención veterinaria. El trabajo aporta información clave para que los profesionales puedan orientar mejor a los tutores y fortalecer su rol en la protección del bienestar animal.
Al igual que las personas, los perros pueden padecer una amplia variedad de enfermedades, desde diabetes hasta osteoartritis. Sin embargo, al no poder comunicar directamente sus síntomas, la responsabilidad de reconocer signos clínicos y decidir cuándo acudir al veterinario recae completamente en sus tutores. Si bien este proceso de toma de decisiones es fundamental, hasta ahora había sido poco estudiado.
Con ese objetivo, el equipo del RVC realizó un estudio online en el Reino Unido, basado en viñetas clínicas realistas que describían 30 afecciones frecuentes en perros, extraídas de la base de datos VetCompass. Cada una incluía información sobre edad, antecedentes médicos y contexto clínico. En total, participaron 1.772 tutores de perros, quienes evaluaron tres escenarios cada uno y estimaron tanto el diagnóstico probable como la urgencia de la consulta veterinaria.
Las respuestas fueron comparadas con el consenso de un panel de veterinarios experimentados. Los resultados mostraron que los tutores identificaron con alta precisión afecciones con signos visibles claros, como epilepsia, tos de las perreras, infestaciones por pulgas, infecciones de glándulas anales u osteoartritis. Sin embargo, tuvieron mayores dificultades para reconocer enfermedades con síntomas más variables o menos evidentes, como tumores de mastocitos, glaucoma, diabetes o cuerpos extraños gastrointestinales.
Un dato preocupante fue que en el 28,4 % de los casos los tenedores consideraron las afecciones menos urgentes de lo que recomendaban los veterinarios. Entre los cuadros más subestimados se encontraron la otitis externa, las lesiones oculares (como úlceras corneales) y la insolación. Esta falta de percepción de gravedad representa un riesgo significativo, ya que puede retrasar el tratamiento, prolongar el sufrimiento e incluso derivar en consecuencias fatales.
En cuanto a las fuentes de información, los tutores señalaron recurrir principalmente a su experiencia personal (73,7 %), al veterinario de cabecera (61,1 %) y a búsquedas en internet (49,2 %). Los factores más influyentes para elegir estas fuentes fueron la reputación, la confiabilidad de los datos y la disponibilidad.
El estudio también detectó que el uso habitual de grupos de salud canina en redes sociales se asoció con una menor precisión diagnóstica y con un 30 % más de probabilidades de subestimar la urgencia. En contraste, cuando estas fuentes se utilizaban solo como complemento, ayudaban a reducir ese riesgo. .
Otro hallazgo relevante fue que los tutores que consultaban habitualmente a su veterinario ante dudas sobre la salud de su perro tendían a evaluar la urgencia de los cuadros de manera más alineada con las recomendaciones profesionales. Esto refuerza la importancia de construir vínculos sólidos entre veterinarios y tutores como estrategia central para mejorar el bienestar animal.
Finalmente, los investigadores destacaron que, en un contexto de creciente acceso a información digital, el triaje telefónico, la telemedicina y las plataformas de asesoramiento con aval veterinario podrían convertirse en herramientas clave para la toma de decisiones compartida. Asimismo, señalaron que las tecnologías emergentes basadas en inteligencia artificial podrían aportar valor en el futuro, aunque advirtieron que aún se necesita mayor evidencia sobre su confiabilidad y riesgos potenciales.