Una nueva investigación del Royal Veterinary College (RVC) del Reino Unido puso en evidencia la profunda división de opiniones del público respecto del cruce de perros braquicéfalos —como carlinos, bulldogs franceses y bulldogs ingleses— con razas no braquicéfalas.
El trabajo revela que, si bien una parte significativa de la sociedad percibe al cruzamiento como una vía para mejorar la salud y el bienestar animal, las preferencias estéticas y el valor de la compañía continúan predominando por sobre las consideraciones sanitarias.
Las razas de cara plana se han vuelto cada vez más populares en el Reino Unido, impulsadas por su aspecto distintivo: hocico corto, ojos prominentes, piel arrugada y cabeza voluminosa. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en los últimos años demuestra que estas conformaciones extremas están asociadas a graves problemas de salud a lo largo de la vida, como síndrome obstructivo respiratorio braquicéfalo, enfermedades oculares y cutáneas, trastornos de columna y una menor esperanza de vida.
El cruce como respuesta a una crisis de bienestar
Frente a lo que ya se considera una crisis internacional de bienestar canino, algunos países, como Finlandia, comenzaron a explorar el cruce de razas como una estrategia para reducir los rasgos extremos y, con ello, el sufrimiento asociado. El objetivo es claro: si la demanda social por estos perros continúa, buscar alternativas que prioricen la salud por sobre la apariencia.
En este contexto, el RVC —con financiamiento de la RSPCA, la Animal Welfare Foundation y Blue Cross— llevó adelante una investigación encabezada por la Dra. Rowena Packer, profesora de comportamiento y bienestar de los animales de compañía, junto al Dr. Dan O’Neill, profesor de epidemiología, la estudiante de maestría Elizabeth Youens y su equipo.
El estudio buscó comprender no solo los posibles efectos sanitarios del cruce, sino también la aceptación social de esta práctica.
Qué piensa el público británico
La investigación incluyó una encuesta nacional en línea a 4.899 personas del público británico, entre tenedores actuales y anteriores de perros, futuros tenedores y personas sin experiencia previa. Se indagaron las opiniones sobre el cruce entre perros braquicéfalos y no braquicéfalos, así como sobre el mestizaje en general.
Los resultados mostraron actitudes claramente divididas. Una mejor salud fue el beneficio más mencionado del cruzamiento: lo señaló el 43 % de los dueños de perros cruzados no braquicéfalos, el 37,2 % de los dueños de razas puras no braquicéfalas, el 42,5 % de los propietarios de cruces braquicéfalos y el 33,2 % de los dueños de braquicéfalos de raza pura. Las mejoras esperadas se vincularon principalmente con una respiración más eficiente, una conformación facial menos extrema y menos problemas de piel, ojos y dientes.
Los tenedores actuales de perros braquicéfalos cruzados fueron, además, los más propensos a destacar un mejor temperamento y una apariencia más atractiva como ventajas del mestizaje. En contraste, beneficios como una mayor longevidad o un aumento de la diversidad genética fueron poco mencionados en todos los grupos.
Miedos, pedigrí y ética
Del otro lado del debate, también surgieron fuertes preocupaciones. Casi una cuarta parte de los tenedores de perros braquicéfalos de raza pura expresó temor a que el cruce genere nuevos problemas de salud. Otros señalaron la menor previsibilidad del aspecto y el temperamento de los perros cruzados, y muchos manifestaron inquietud por la pérdida del pedigrí o de la “pureza” genética.
Entre los tenedores de razas no braquicéfalas fue particularmente frecuente el miedo a que el mestizaje introduzca rasgos braquicéfalos perjudiciales en poblaciones sanas. Más de una cuarta parte de este grupo compartió esa preocupación, frente a menos del 10 % de los tenedores de braquicéfalos de raza pura. Incluso aparecieron objeciones éticas, basadas en la idea de que el ser humano no debería intervenir en la crianza mediante cruces, pese a que las razas puras son, en sí mismas, construcciones humanas relativamente recientes.
Mirada al futuro y desafíos para la veterinaria
Las actitudes también variaron al proyectar futuras decisiones de tenencia. Mientras que solo el 16,6 % de los tenedores de perros no braquicéfalos consideraría adquirir un cruce braquicéfalo —muchos solo a través de la adopción—, más de la mitad de los tenedores de braquicéfalos de raza pura y de cruces braquicéfalos afirmaron que sí lo harían. Para los investigadores, este dato abre una ventana de oportunidad para alejar gradualmente a los tenedores de las conformaciones más extremas.
El RVC concluye que aún se necesitan más evidencias científicas sobre la salud, el bienestar y el temperamento de los cruces braquicéfalos. Si se confirman mejoras reales, estos resultados podrían respaldar cambios de comportamiento en los tenedores, así como el eventual reconocimiento formal de cruces menos extremos por parte de organismos de registro canino.
Para el ámbito veterinario, los hallazgos de este estuio refuerzan un debate cada vez más vigente: cómo equilibrar la demanda social, la ética profesional y la responsabilidad de promover el bienestar animal por encima de la estética.