La evidencia científica y la experiencia clínica demuestran que los gatos aprenden de forma constante y que, con las herramientas adecuadas, pueden ser entrenados de manera efectiva y respetuosa. En ese contexto, la Asociación Médica Veterinaria Felina (FelineVMA) desarrolló un conjunto de lineamientos para implementar el entrenamiento con refuerzo positivo como pilar del bienestar felino.
Uno de los puntos centrales del documento es reconocer que los gatos están siempre aprendiendo. Aun cuando parecen inactivos, procesan estímulos y generan asociaciones. Este aprendizaje puede darse por condicionamiento clásico -como anticipar una experiencia desagradable al ver un estímulo- o por condicionamiento operante, donde el animal asocia una conducta voluntaria con una consecuencia.
La FelineVMA es clara: el refuerzo positivo es la técnica de elección. Consiste en añadir algo agradable inmediatamente después de una conducta deseada para aumentar la probabilidad de que se repita. Premios comestibles, caricias o juego pueden cumplir ese rol, siempre que resulten significativos para ese individuo.
Las emociones cumplen un papel clave. Estados positivos como la curiosidad o el deseo facilitan el aprendizaje, mientras que el miedo, la ansiedad o el dolor activan respuestas defensivas que bloquean la capacidad de adquirir conductas complejas.
El kit de herramientas subraya que no puede haber aprendizaje efectivo sin salud. El dolor crónico, la inflamación o las enfermedades sistémicas deprimen el sistema nervioso y reducen la tolerancia del gato a interactuar o cooperar. Por eso, ante dificultades de aprendizaje o cambios bruscos de conducta, la evaluación médica es un paso indispensable antes de iniciar cualquier plan de entrenamiento.
El entrenamiento no ocurre en el vacío. Para que funcione, el entorno debe ser previsible y seguro. La FelineVMA recomienda cubrir las necesidades ambientales básicas: espacios elevados, escondites y recursos esenciales -como comida, agua y bandeja sanitaria- distribuidos estratégicamente en el hogar.
También aconseja sesiones breves y frecuentes. Dado el corto período de atención de los gatos, varias prácticas de 5 a 10 minutos al día resultan más efectivas que una sola sesión prolongada. Además, los premios deben ser individualizados: aunque la comida es un reforzador común, alrededor del 50% de los gatos responde mejor a la interacción social, como caricias o juegos.
El documento es contundente al rechazar cualquier forma de castigo. Gritos, ruidos fuertes o métodos aversivos generan miedo, deterioran el vínculo y resultan contraproducentes. En su lugar, propone la redirección: identificar la necesidad subyacente del gato y ofrecer una alternativa adecuada.
Rascar, cazar o marcar con olor no son “malas conductas”, sino expresiones normales de la biología felina. El objetivo del entrenamiento es canalizarlas hacia contextos apropiados mediante refuerzo positivo.
La conclusión del kit de herramientas de la FelineVMA resume el espíritu de este enfoque: entrenar con recompensas no solo enseña habilidades, sino que fortalece el vínculo humano-felino.
Para la medicina veterinaria moderna, integrar el entrenamiento positivo significa mejorar la calidad de vida del paciente felino y de las personas que conviven con él, consolidando un modelo de bienestar basado en la comprensión y el respeto.