sábado 29 de noviembre de 2025 - Edición Nº2466

Divulgación | 29 Nov

Día Mundial del Oso Hormiguero

Oso Hormiguero: El desafío de conservar a uno de los mamíferos más singulares de Sudamérica

El Día Mundial del Oso Hormiguero -que se celebra cada 29 de noviembre- invita a reflexionar sobre la conservación de un mamífero emblemático y vulnerable. En Sudamérica y especialmente en Argentina, su supervivencia depende de fortalecer los esfuerzos de protección y restauración del hábitat.


El Día Mundial del Oso Hormiguero busca visibilizar el rol ecológico y la situación de conservación de estos mamíferos pertenecientes al suborden Vermilingua.

En Sudamérica habitan cuatro especies: el oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla), el oso melero (Tamandua tetradactyla), el ciclito o serafín del platanal (Cyclopes didactylus) y Cyclopes ida, recientemente reconocido como una especie separada.

Estos animales son depredadores especializados de hormigas y termitas: un solo oso hormiguero gigante puede consumir hasta 30.000 insectos por día. Esa función reguladora es vital para la salud de sabanas, bosques y pastizales, evitando estallidos poblacionales de insectos que podrían alterar el equilibrio natural.

 

Sudamérica: región clave pero presionada

Aunque su distribución comprende buena parte del continente -desde Centroamérica hasta el norte de Argentina-, la presión humana sobre sus ambientes se intensifica. La deforestación para agricultura y ganadería, los incendios forestales, el atropellamiento en rutas y la caza furtiva representan las principales amenazas.

El oso hormiguero gigante es el más comprometido: está clasificado como Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En países como Brasil y Paraguay enfrenta fuertes retrocesos poblacionales debido al avance de la frontera agropecuaria y los repetidos incendios en biomas como el Cerrado y el Pantanal.

El oso melero, más adaptable, también sufre la fragmentación de hábitat, mientras que los pequeños Cyclopes se ven afectados por la deforestación de selvas tropicales en la cuenca amazónica.

 

Argentina: una historia de declive y reconstrucción

En Argentina sobreviven dos especies: el oso hormiguero gigante y el tamandua o melero. El primero es el que más atención requiere. Originalmente distribuido desde Misiones hasta Córdoba, Santiago del Estero y Santa Fe, hoy solo mantiene poblaciones estables en el Chaco húmedo y algunos sectores del noreste del país.

Su desaparición en vastas regiones se debió a la caza, la pérdida de ambientes naturales, los incendios y la vulnerabilidad frente al atropellamiento vehicular. En provincias como Corrientes había sido declarado “prácticamente extinto” hasta que, en 2007, inició el emblemático programa de reintroducción en los Esteros del Iberá. Gracias al trabajo coordinado entre Fundación Rewilding Argentina y el Gobierno provincial, la especie volvió a ocupar un territorio donde llevaba más de medio siglo ausente.

Hoy, el oso hormiguero gigante es considerado “En Peligro de Extinción” a nivel nacional. Los incendios masivos de 2020 y 2022 dejaron una huella profunda, ocasionando la muerte de decenas de ejemplares y destruyendo amplias áreas de forraje, un impacto del que diversas poblaciones aún se recuperan.

 

Desafíos persistentes

Entre los principales problemas que enfrenta la especie en Argentina se destacan:

- Pérdida y fragmentación de hábitat: el avance agrícola y la degradación de montes nativos reducen sus opciones de refugio y alimentación.

- Incendios forestales y de pastizales: cada vez más frecuentes e intensos, capaces de eliminar grandes cantidades de hormigas y termitas, recurso esencial para su supervivencia.

- Atropellamientos: su baja velocidad y tendencia a cruzar áreas abiertas los vuelven altamente vulnerables en rutas provinciales y nacionales.

- Mascotismo y captura ilegal: aunque menos frecuente, sigue siendo una amenaza en zonas rurales.

 

Un futuro posible

El Día Mundial del Oso Hormiguero es una oportunidad para reforzar estrategias de conservación a nivel regional: corredores biológicos, restauración de ambientes nativos, control de incendios, campañas de educación y manejos de tránsito en zonas críticas.

También invita a valorar su rol simbólico: un animal singular, pacífico y silencioso que recuerda la fragilidad de los ecosistemas sudamericanos. Su protección no solo asegura la continuidad de una especie emblemática, sino también la salud y el equilibrio de los ambientes que compartimos.

 


 

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