lunes 21 de junio de 2021 - Edición Nº844
Vet Market » Divulgación » 6 jun 2021

Estudio

Las especies invasoras y las enfermedades infecciosas siguen patrones similares

Un estudio sostiene que las intervenciones humanas tienen un rol importante en la propagación global de patógenos -como el SARS-CoV-2-, al igual que en la dispersión de especies exóticas invasoras.


Un equipo de investigadores liderado por Martín Nuñez, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA, CONICET-UNCOMA), demostró que existen aspectos comunes entre la propagación global de patógenos -como el coronavirus SARS-CoV-2- y la dispersión de especies exóticas invasoras. Esos aspectos comunes están dado por el peso que tienen las intervenciones humanas sobre la naturaleza y la creciente conectividad global en ambos procesos.

El estudio, es un llamado al trabajo conjunto entre especialistas en ecología, investigadores biomédicos, epidemiólogos y sociólogos, con el objetivo de limitar futuros brotes pandémicos, donde la ciencia de invasiones podría ayudar a lograrlo.

Las especies invasoras son aquellas que al ser transportadas (de manera voluntaria o involuntaria) por los seres humanos a áreas o regiones distintas a su hábitat natural -frecuentemente, incluso, muy alejadas del mismo- generan desequilibrios ecosistémicos al avanzar de manera vertiginosa y dañina sobre las especies nativas, lo que afecta gravemente la biodiversidad.

No toda especie exótica -es decir, ajena a un determinado ambiente en el que se desarrolla- es necesariamente invasiva pero toda especie invasora es exótica.

Que se conviertan en invasoras depende de características propias, pero sobre todo, de su interacción con el nuevo ambiente.

Algunas especies con fuertes rasgos invasivos son propagadas a diversas regiones del mundo. Estos procesos no sólo implican perdidas a nivel de la biodiversidad, sino que también tienen impactos sociales y económicos negativos al afectar los servicios que los ecosistemas brindan a la humanidad.

 

 

“Aunque resulte infrecuente abordar la dispersión de virus que infectan a los seres humanos como si se tratará de invasiones biológicas, nosotros creemos que el caso de la pandemia actual de COVID-19 -al igual que en el de otras enfermedades infecciosas epidémicas- hay razones para hacerlo. Se trata de un nuevo organismo que emerge de forma repentina -seguramente como consecuencia de la interacción del ser humano con la naturaleza y, en apariencia, en un entorno (huésped) distinto al de su origen-, prolifera a gran velocidad gracias a su capacidad de adaptación, se distribuye globalmente de forma veloz a través de las redes de transporte que conectan el mundo y tiene un impacto fuertemente negativo sobre el bienestar y la salud humanas”, señala Núñez.

Estas similitudes llevan a sostener a los autores del estudio que la ciencia de invasiones -campo disciplinario en el que ellos se desenvuelven- puede realizar importantes contribuciones para comprender mejor los mecanismos de propagación de nuevos patógenos infecciosos y de los factores que lo facilitan.

“Creemos que el actual aumento de la conectividad global -exhibido en el crecimiento anual de vuelos y de barcos que transportan carga entre puertos-, en combinación con la continua alteración de los ecosistemas y la explotación de la vida silvestre, incrementa las posibilidades de que emerjan nuevas enfermedades infecciosas que se dispersen rápidamente a nivel mundial. En este contexto, es importante que los especialistas en distintas disciplinas crucemos nuestros conocimientos para tratar de que esto no ocurra”, asegura el investigador.

“La hipótesis de que SARS-CoV-2 apareció y evolucionó en especies silvestres (como los murciélagos) y llegó a los seres humanos como consecuencia de la caza y la venta ilegal, o de otras intervenciones humanas sobre la naturaleza, refuerza la analogía. Así como los pinos no resultan dañinos en donde son nativos y frecuentemente se transforman en invasores al ser plantados fuera de su hábitat con impacto negativo para lo biodiversidad, es posible que en sus hospedantes naturales el virus no hiciera daño, o, aunque lo hiciera, eso no rompía un equilibrio ecosistémico”, indica Núñez.

 

 

“Aunque, hasta ahora, el trabajo interdisciplinario entre ecólogos e investigadores del campo de las ciencias de la salud, para abordar el problema de las enfermedades infecciosas emergentes, ha sido escaso, creemos que la similitudes entre ambos fenómenos -que van desde su emergencia a sus modos de manejo, pasando por sus formas de dispersión- ameritan el trabajo conjunto”, afirma Núñez.

Los autores del trabajo consideran que la ciencia de invasiones podría ayudar a mejorar de manera significativa el enfoque multisectorial ‘Una Salud’ propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que apunta a generar programas, políticas, leyes e investigaciones en el que diversos sectores colaboren para lograr mejores resultados de salud pública, sobre todo en esferas como el control enfermedades transmisibles entre animales y humanos, la inocuidad de los alimentos y la lucha contra la resistencia a los antibióticos.

 

Fuente: CONICET

 

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