miércoles 13 de noviembre de 2019 - Edición Nº258
Vet Market » Divulgación » 26 jun 2019

La columna del Dr. Pablo Maure

PNIE y el Impacto del Estrés Crónico

Cuando enfermar no depende sólo de la genética….


Introducción

 

Hay una palabra larga y compleja, la Psiconeuroinmunoendocrinología o PNIE. Este concepto engloba los 3 principales sistemas de comunicación del organismo, el sistema nervioso, el sistema endócrino y el sistema inmune. Hay un interjuego de regulación y autorregulación entre dichos sistemas, este sutil diálogo se da con neurotransmisores, hormonas y citocinas.

 

La PNIE es el componente fisiológico de la relación del cuerpo con la actividad cerebral, que en humanos denominamos “mente”, esta red funcional es la interfase entre situaciones internas y externas. Una visión integradora genera una mirada holística (no siempre aceptada en el mundo académico) y desde esta visión intentaré abordar el concepto de:

 

Estrés  ↔ Bienestar ∞ Salud ↔ Enfermedad

 

 

 

Antecedentes

 

Por primera vez en 1936 se describe el síndrome de adaptación general o síndrome de estrés.

Hans Selye describe tres etapas, la primera es la de alarma, el cuerpo se prepara para luchar o fugarse, la segunda es la de resistencia, donde las respuestas adaptativas son a expensas de un alto consumo de energía, la tercera es la de resolución de la demanda o la de agotamiento si la demanda persiste.

Sterling y Mc Ewen en 1988 y 2002 respectivamente definieron el concepto de carga alostática. Cuando la alostasis es ineficaz o inadecuada o el agente que la motiva se prolonga en el tiempo, no se alcanza la adaptación y se produce una activación desproporcionada o ineficaz, que da lugar a lo que se conoce como “carga alostática”. Esta traduce el desgaste o agotamiento de los sistemas alostáticos y a largo plazo es causa de patología tanto orgánica como psíquica.

 

 

Estrés y Alostasis

 

En el intento de entender los procesos que favorecen el desarrollo de enfermedad y teniendo una visión holística de la Medicina, no podemos hoy entender el estrés solamente como un mecanismo de defensa del organismo frente a una agresión.

Numerosas situaciones cotidianas fuerzan los mecanismos de los sistemas fisiológicos y por lo tanto las respuestas son más complejas; aparece aquí el concepto de “alostasis”.

Ante un agente estresor, los sistemas alostáticos nos permiten responder al estrés psíquico o físico, interno o externo, activando el sistema nervioso autónomo, el eje hipotálamo-hipofisiario-adrenal, el sistema cardiovascular, el metabolismo y el sistema inmunitario.

Frente a una situación nueva se genera una evaluación cognitiva, condicionada en cada individuo por tres factores, el genético, las experiencias vividas durante el desarrollo y conductas que ha ido aprendiendo a lo largo de la vida, lo que da como resultado una respuesta neuro-inmuno-endocrina; estas respuestas son fisiológicas y permiten la adaptación frente a situaciones de estrés.

Cuando la alostasis es ineficaz o inadecuada o el agente que la motiva se prolonga en el tiempo y no se alcanza la adaptación, se produce una activación desproporcionada o ineficaz, dando lugar a lo que se conoce como “carga alostática”, lo cual puede, a largo plazo, ser causa de patología tanto orgánica como comportamental.

A la luz de estos conceptos, si frente a las amenazas o demandas internas o externas el individuo respondiendo con respuestas fisiológicas adaptativas encuentra un nuevo punto de equilibrio se habla de alostasis, pero si dichas demandas persisten aumenta la carga alostática, sea por una respuesta prolongada, o porque hay situaciones repetitivas a los que el individuo no se adapta, o falta directamente de adaptación en individuos incapaces de suprimir respuestas alostáticas tras superar el estrés, o frente a una respuesta inadecuada.

 

 

El Estrés desde el punto de vista fisiopatogénico

 

La primera respuesta frente a un agente estresante, en el estrés agudo, es la activación del eje hipotálamo – hipofisiario – adrenal (HHA) con el consiguiente aumento del cortisol.

A corto plazo se ve una respuesta metabólica, donde aumenta la neoglucogénesis y la resistencia insulínica, se eleva la presión arterial y se prepara el sistema inmunitario para contrarrestar un posible agente patógeno. Asimismo, la activación del eje HHA modula respuestas conductuales y de memoria mediante su interacción con otras áreas del sistema nervioso central como son la amígdala y el hipocampo. Se observa además inhibición de la liberación de gonadotrofinas a nivel hipotalámico e hipofisario.

Los principales mediadores de la inhibición del eje hipotálamo-hipofisiario gonadal que caracteriza la respuesta al estrés son las catecolaminas, o directamente el CRH (factor de liberación de corticotrofina) a través de receptores CRHr2, y la vasopresina.

Si lo que está en juego es la supervivencia, se entiende que la reproducción pasa a ser una actividad de lujo.

Otros ejes como el hipotálamo-hipofisiario-tiroideo sufren un efecto inhibitorio. Se observa también aumento en la secreción de prolactina.

El sistema nervioso autónomo (SNA) también participa, representado por el locus coeruleus y un grupo de neuronas noradrenérgicas situadas en la médula y la protuberancia. Desde allí se estimula la secreción de adrenalina producida en la médula suprarrenal.

Se observa en el estrés un circuito de estimulación entre el SNA y el eje HHA, de modo que la activación adrenérgica estimula la secreción de CRH, cuyo efecto es estimular la secreción de noradrenalina. Esta a su vez activa la amígdala, principal estructura relacionada con conductas como el miedo y la aversión.

Frente a estímulos adversivos mencionamos anteriormente que hay una evaluación cognitiva. Dos estructuras subcorticales son las responsables, el hipocampo, responsable de la memoria y la amígdala, responsable de la toma de decisiones.

En situaciones de estrés crónico estas estructuras sufren neurólisis y pérdida de conexiones sinápticas, con alteración de las respuestas adecuadas y explican el agotamiento en alguna medida de los mecanismos alostáticos. De la misma manera en situaciones de bienestar hay neurogénesis  y aumento de conexiones sinápticas en estas estructuras y las respuestas adaptativas son mejores.

 

Resumiendo esta primea parte:

Estrés y bienestar son dos caras de la misma moneda.

La alostasis es la capacidad de encontrar un punto de equilibrio frente a un desafío, pero se transforma en carga alostática si dicho equilibrio no se encuentra y los mecanismos regulatorios y adaptativos empiezan a agotarse.

El estrés crónico tiene impacto metabólico, generando resistencia insulínica, alteraciones reproductivas, anorexia (el CRH es un estímulo directo para que el cerebro libere leptina), un síndrome de inflamación subclínica crónica (lecho ideal para el cáncer y enfermedades degenerativas y autoinmunes) y neurólisis que puede potenciar la depresión, el miedo y la ansiedad.

 

MSA-MV Pablo F. Maure

Director del CIV

MN: 6644

 

Fuentes

El concepto de alostasis: un paso más allá del estrés y la homeostasis. Susana D. Pilnik. Rev. Hosp. Ital. B.Aires Vol. 30 Nº 1, junio 2010.

Cerebro, Emociones y Estrés. José Luis Bonet. Ediciones B Argentina. 2014 (ISBN 978-987-627-493-7).

Epigenética: el mecanismo por el cual el medio ambiente influye sobre los genes. 2015. Marcela Brocco, es investigadora adjunta del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas – Instituto Tecnológico de Chascomús (IIB-INTECH, CONICET-UNSAM).

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