El servicio veterinario supone dar respuesta tanto a la necesidad clínica del paciente como a la demanda emocional de sus tutores. Cuando existe un profundo compromiso con el bienestar animal, se activa una respuesta empática conocida como compasión. Sin embargo, cuando ese involucramiento emocional es permanente y supera la capacidad de afrontamiento del profesional, puede derivar en fatiga por compasión.
Los médicos veterinarios constituyen uno de los colectivos con mayor riesgo de padecer este fenómeno. La exposición diaria al sufrimiento animal, la comunicación de malas noticias, el acompañamiento en decisiones complejas —como la eutanasia— y el contacto con situaciones de maltrato o abandono generan una carga emocional sostenida.
¿Qué es la fatiga por compasión?
La palabra compasión proviene del latín compati, “sufrir con”. Desde la psicología, se la define como el sentimiento que surge al presenciar el sufrimiento de otro y que conlleva el deseo genuino de aliviarlo. No es solo una emoción, sino una motivación que orienta la conducta.
La compasión integra dos componentes centrales:
- Sensibilidad frente al sufrimiento propio y ajeno.
- Compromiso activo para aliviarlo.
Cuando la exposición al dolor es constante y la capacidad emocional se ve desbordada, aparece la fatiga por compasión, también denominada desgaste por empatía o estrés por compasión. En veterinaria, este fenómeno incluye tanto el sufrimiento del paciente como el de sus tutores.
Síntomas y señales de alerta
La fatiga por compasión puede manifestarse en diferentes planos:
- Psicológicos
Ansiedad, culpa por no poder salvar a todos los pacientes, irritabilidad, desesperanza, trastornos del sueño, pesadillas, disociación, dificultad para concentrarse y pérdida de interés o anhedonia.
- Somáticos
Cefaleas, dolor muscular y lumbar, trastornos gastrointestinales, insomnio, cambios de peso, náuseas, mareos y agotamiento persistente.
- Psicosociales
Aislamiento, deterioro de vínculos familiares y laborales, cinismo, sarcasmo, disminución del compromiso con los pacientes, abuso de sustancias o sobrealimentación.
Estas manifestaciones no solo afectan la calidad de vida del profesional, sino que también pueden impactar en la calidad del servicio veterinario.
Fatiga por compasión y burnout: ¿son lo mismo?
Aunque suelen confundirse, no son equivalentes. El burnout o desgaste profesional se vincula principalmente con factores organizacionales y del entorno laboral, y se caracteriza por despersonalización, agotamiento emocional y baja realización personal.
En cambio, la fatiga por compasión se origina en la relación directa con el sufrimiento del paciente y su entorno. Mientras el burnout surge del vínculo con el contexto de trabajo, la fatiga por compasión se relaciona con el vínculo empático con quien sufre.
Ambos cuadros pueden coexistir, pero requieren estrategias de abordaje específicas.
Prevención y abordaje
La primera herramienta es la prevención. Reconocer el fenómeno, identificar factores de riesgo individuales y desarrollar autoconciencia emocional son pasos fundamentales. Lejos de implicar una pérdida de sensibilidad, este proceso fortalece la capacidad de sostener la empatía sin que resulte devastadora.
En los últimos años se han implementado intervenciones basadas en mindfulness o atención plena, con evidencia de eficacia en la reducción de los niveles de fatiga por compasión. La práctica de la atención consciente permite observar pensamientos, emociones y sensaciones físicas sin juicio, promoviendo mayor regulación emocional.
Asimismo, resulta clave:
- Generar espacios de intercambio entre colegas.
- Fomentar políticas institucionales de cuidado del equipo.
- Establecer límites saludables entre vida profesional y personal.
- Recurrir a apoyo psicológico especializado cuando sea necesario.
Un compromiso con el propio bienestar
El bienestar de los veterinarios es hoy uno de los grandes desafíos de la profesión en Argentina y el mundo. Comprometerse con la salud mental es una condición necesaria para sostener una práctica ética, empática y de calidad.
Cuidar a quienes cuidan es, en definitiva, una responsabilidad colectiva del sector veterinario.
TEMAS RELACIONADOS
- Síndrome de burnout: el 94% de los trabajadores argentinos afirma padecerlo
- La salud mental en los profesionales veterinarios: un tema de cuidado
- Ecosistema veterinario: impacto en la salud mental de los profesionales
- Nuevas pautas sobre el bienestar de los veterinarios